De esta manera se planteó como VIAJE DE ESTUDIOS. Hicimos una reunión en la que se comprometieron, pese a la incredulidad de algunos compañeros, unos 30, que finalmente quedaron en 22. Yo me encargué de buscar buenas condiciones en las agencias de viaje, preparar itinerarios, hacer presupuesto de gastos, adquirir entradas on-line... Ella se encargó de buscar fuentes de financiación y solucionar toda la ingente y fastidiosa tarea burocrática. Al final decidimos realizar el viaje con Viajes Saravia, magníficamente atendidos por mi viejo amigo de cofradías Miguel Ángel, escogiendo la fecha, tras obtener los oportunos permisos de la dirección del centro, por ser más ventajosa económicamente y no distorsionar el trabajo del trimestre. A los alumnos les salió por 440€; en la cantidad estaban incluidos nuestros viajes, con billete de avión Roma-Sevilla, Sevilla-Roma, traslado aeropuerto-hotel y hotel-aeropuerto y estancia en régimen de alojamiento-desayuno en el Hotel D'Este, regentado por chinos, en la Via Carlo Alberto, 4/B, junto a Santa Maria Maggiore, muy buen sitio por estar al lado de Termini, nudo estratégico de comunicaciones.
Por fin llegó el día. En el aeropuerto, últimas recomendaciones, revisión de papeles, despedida de padres y familiares… Tengo que reconocer que, cuando ya me vi en el avión, me entró algo de miedo por la responsabilidad. Como el vuelo salió a las 7 de la mañana, pudimos aprovechar todo el día. Cuando estábamos dejando las maletas en recepción y solucionando el papeleo, ocurrió la primera anécdota
del viaje. Mi compañera estaba repartiendo mapas a los alumnos y, por cortesía, se lo dio también a unos señores que estaban sentados junto a nosotros. Cuando el recepcionista se ausentó un momento del mostrador para indicarnos dónde dejar las maletas hasta que, por la tarde, pudiéramos ocupar las habitaciones, uno de esos señores se metió detrás y salió como el que no quiere la cosa con de sus acompañantes. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, al volver a su puesto, vemos que al recepcionista, que no sabía nada de español por cierto, empieza a mudársele la cara y ponérsele de mil colores y empieza a preguntarnos si alguien había ido detrás del mostrador. Le dijimos que sí y éste empieza a decir “ladro!, ladro!...”; sale a la calle, pero ya nada había qué hacer.Ésta fue la primera en La Campana, imagínense las reacciones de los alumnos, que empiezan a pensar que han llegado al Bronx en vez de a la Ciudad Eterna. Tras este primer percance, por fin, salimos del hotel con algo de retraso sobre lo previsto, con la promesa de que el itinerario “oficial” acabaría sobre las seis de la tarde, lo que, chispa más o menos, se cumplió todos los días.Tiramos por la Via Carlo Alberto en dirección a la Piazza VittorioEmanuele II, la atravesamos tras contemplar la Porta Magica y el Trofeo de Mario, y continuamos en la misma dirección por la Via Conte Verde, cruzamos el Viale Manzoni y proseguimos por la Via di Santa Croce in Gerusalemme, hasta desembocar en la Piazza di Santa Croce in Gerusalemme, donde se visitamos la Basilica di Santa Croce in Gerusalemme, con su memoria de la Pasión. Al salir, cogimos por el Viale Carlo Felice hasta la Piaza di Porta San Giovanni, donde nos encontramos a la derecha el Santuario de la Scala Sancta, que ya estaba cerrado, por el retraso de primera hora.De frente, nos encontramos con el edificio octogonal del Battistero Lateranense. A continuación abordamos la visita de la imponente mole de la Arcibasilica Papale di San Giovanni in Laterano, primera gran sorpresa del viaje, por su riqueza y dimensiones, con sus doce apóstoles marmóreos gigantes, entre los que llama la atención San Bartolomé, con su propia piel en las manos, en recuerdo de su martirio, que parece mentira que haya sido trabajada en duro mármol. Tomamos por Via Merulana hasta la Basilica di Santa Maria Maggiore, con nuestro Felipe IV en el nártex.
Tras esta intensa mañana, nos merecíamos, sin duda, un refrigerio. Dimos tiempo libre de 2 a 4 para almorzar.
Partimos a las 4 de la Piazza della Repubblica, empezando con la monumental y grandiosa Basilica di Santa Maria degli Angeli, con su curiosa meridiana. Desde allí tomamos la Via V. E. Orlando hasta la Piazza di San Bernardo, donde admiramos la Fuente de Moisés, y visitamos, primero a la izquierda, la Chiesa di San Bernardo alle Terme. De frente, nos encontramos dos templos; a la derecha, la Chiesa di Santa Maria de la Vittoria, con su famosísimo Éxtasis de Santa Teresa de Bernini. A continuación visitamos, a la izquierda, la Chiesa di Santa Susanna, en cuya sacristía adquirimos a las monjas caramelos de miel, medallas, estampas y agnusdéis.Al salir, cogimos a la derecha la Via XX Settembre hasta el cruce de la Via QuattroFontane, en donde admiramos las cuatro fuentes; la Chiesa di San Carlo alle Quattro Fontane, como es muy frecuente, estaba cerrada a pesar del horario de su puerta; no en vano sus trinitarios son españoles. Bajamos por Via Quattro Fontane hasta Piazza Barberini, con su fuente del Tritone; de allí a Via VittorioVeneto, en cuyo comienzo subimos a la Chiesa dell’Inmacolata Concezione, Capuccini, 9-12 h.; 15-18 h. (Jueves cerrado), tras visitar las extremadamente curiosas capillas de los huesos, donde nos felicitaron por el buen comportamiento del grupo.
Desde Piazza Barberini, cogimos por Via del Tritone, tiramos a la izquierda por la Piazza de la Accademia di San Luca, Via de la Stamperia, hasta la Piazza Trevi, con la portentosa Fontana homónima, donde acabó el itinerario de la primera jornada sobre las seis y pico de la tarde. Desde entonces, este lugar se convirtió en el lugar preferido de los chavales, por su belleza y ambiente inigualables. Para la vuelta al hotel, les informé de dónde y qué autobuses podían coger, para que cada uno empleara a placer su tiempo libre.
Como inciso, una de las preocupaciones de mi compañera era qué pasaría de noche. Yo le manifesté muchas veces que no habría problema: estarían tan reventados que no tendráin ganas ni de salir. Así fue: compraron unas vituallas en un supermercado cercano para cenar y se encasquetaron sus respectivos pijamas y se reunieron en una habitación para disfrutar de su merecido descanso en grata convivencia, con sus cachimbas y todo, con las que habían cargado desde Sevilla. Sólo dos chavales se vinieron con nosotros dos para cenar, el único día. Fuimos a parar a un restaurante junto al Panteón, que fue un gran descubrimiento, por su calidad, buen ambiente, excelente servicio y precios aceptables. Tras hacer una ronda de vigilancia y advertir que no se formara jaleo, nos fuimos al merecido descanso nocturno.El Sábado 5 de marzo había reservado como grupo escolar entrada a las 10,30h. para los Musei Vaticani. Salimos, como todos los días, sobre las nueve menos cuarto. Cogimos el metro en Termini hasta la estación Cipro-Musei Vaticani, y entramos. Visitamos la Pinacoteca, el Gregoriano Egipcio, el Museo Pío-Clementino, el Museo Chiaramonti, el Bracchio Nuovo, el Museo Pío-Cristiano, y los palacios pontificios. A partir de la Galería de los Candelabros, el caos habitual: una marea de gente dirigiéndose ansiosa a la Capilla Sixtina.
Al salir, pues el grupo se había desmembrado, los móviles funcionaban mal, estaba lloviendo… nos costó trabajo, ante mi desesperación, de volvernos a juntar. Cuando al fin lo logramos –no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista-, nos dirigimos hacia el Borgo Pio, donde dimos tiempo para comer y hacer algunas compras; yo, por encargo, en Comandini y en una tienda de recuerdos chinos –donde ya me conocen- para comprar camisetas para mis sobrinos y detalles a gente amiga.
A las cuatro reanudamos la marcha por la Via della Conciliazione y visitamos, de camino, Santa Maria in Traspontina, cruzamos el Tíber y nos encaminamos a San Giovanni Battista dei Fiorentini, 7,30-13,00 y 16,00-19,00 h., Via Acciaioli,2, pero que, por desgracia, estaba cerrada pese a ser hora de visita.
Seguimos recorriendo la calle en el mismo sentido y llegamos a la Piazza di Santa Caterina della Rotta, donde encontramos cerrada a la derecha Chiesa di Santa Caterina della Rota, domingo11-12 h., Via di San Girolamo della Carità, 80. Esquina con la misma calle encontramos la Chiesa di San Girolamo della Carità, Via di Monserrato, 62/A, también cerrada (yo todavía no la he logrado ver en mis múltiples viajes para mi desesperación). Al final de la calle, en la esquina de la izquierda, la Chiesa di San Tommaso di Canterbury, domingo9,30-11 h.,Via di Monserrato, 45. Continuamos por Via di Monserrato y cogimos a la derecha por Via Farnese a Via Giulia; al llegar a ésta, tiramos a la izquierda, para ver la Chiesa di Santa Maria della Orazione e Morte, 16,00-19,00 h., Via Giulia, 262, con su cripta de los huesos, más modesta que la de los capuchinos. Seguimos por Via Giulia y cogimos, a la izquierda, por Via di Mascherone; tras contemplar la fuente homónima, ante la que hubo foto de grupo, continuamos hasta Piazza Farnese, donde encontramos el bellísimo Palazzo Farnese, Piazza Farnese, 67.
Anduvimos por la misma calle y al llegar a Via dei Pettinari, tiramos a la derecha, donde entramos en la Chiesa della Santissima Trinità dei Pellegrini, parroquia de rito tradicional. Saliendo, a la derecha, llegamos a la Chiesa di San Paolo alla Regola, donde visitamos la capilla que conmemora su estancia en Roma.
A la derecha, tiramos por la Via di Santa Maria in Monticelli, donde se alza la Chiesa di Santa Maria in Monticelli, en la que admiramos su devoto Gesù Nazareno y, después, seguimos por la calle hasta la Piazza Cairoli, donde está la Chiesa di San Carlo ai Catenari, con su bella cúpula y su interesante Capilla de Santa Cecilia. Aquí acabó el itinerario del segundo día.
El domingo 6 de marzo yo fui a misa de 8 a Santa Prassede. A la hora acostumbrada, salimos del hotel, cruzamos, cogimos la Via de S. Antonio y, en la esquina de Via Merulana, visitamos la chiesa de Sant'Alfonso con su famosísimo icono de la Virgen del Perpetuo Socorro. La siguiente parada fue en la Basilica di Santa Prassede all’Esquilino, 7,30-12,00y 16,00-18,30 h., Via di Santa Prassede, 9/a, con sus archiconocidos mosaicos, sobre todo su Capilla del Paraíso. Saliendo, tiramos a la izquierda, continuamos por Via Liberiana, hasta Piazza dell’Esquilino, y al fondo, a la izquierda, tomamos ViaUrbana, donde encontramos la Chiesa di Santa Pudenziana al Viminale, 8,30-12,00y 15,00-18,00 h., Via Urbana, 160, con su no menos importantes mosaicos.
Cogimos Via Santa María Maggiore a Via Milano hasta Via del Quirinale, que cruzamos, donde visitamos la Chiesa di Sant’Andrea al Quirinale, 8,00-12,00 y 16-19 h., Via del Quirinale, 29, con su sacristía y las estancias de San Stanislao, maravilloso complejo berninesco.
Saliendo, a la izquierda, seguimos por la misma calle hasta el Palazzo del Quirinale, domingos 8,30-12,00 h., donde, tras una larga cola, disfrutamos una merecida visita. Tomamos por Via della Dataria, a la izquierda, Via Lucchesi a la Piazza della Pilotta, ViaVaccaro, a la Piazza di San Silvestro, donde visitamos, tras tener que dejar la Chiesa di Santa Maria in Via, 7,15-12,45 y16,00-20,00 h., Via del Mortaro, 24, porque había misa y estaba abarrotada, la Chiesa di Santi Andrea e Claudio de’Borgognoni,7,00-13,00 y 16,00-20,00 h., Via del Pozetto, 160, donde nos atendió amablemente un padre sacramentino.
De allí fuimos a Piazza Spagna con la Embajada de España ante la Santa Sede, en la que finalizó la mañana. Tras tiempo libre para comer, subiendo por la escalinata, nos encontramos la Chiesa della Santissima Trinità dei Monti,7,00-13,00 y 15,00-19,00 h., Piazza della Trinità del Monti, donde comenzamos nuestro recorrido vespertino.
Seguidamente, cogimos a la derecha por la Via della Trinitá dei Monti, a la derecha por Viale Obelisco, cruzamos el Muro Torto, seguimos por Viale Magnolie, cruzamos el Piazzale Canestre, tiramos a la derecha por el Viale San Paolo del Brasile, hasta coger a la izquierda el Viale del Museo Borghese; teníamos reservada entrada en Galleria Borghese de 15-17 h., Piazzale del MuseoBorghese, 5. Paseo largo pero mereció la pena; el contemplar las esculturas de Bernini es una experiencia única. Mi compañera María Luisa se hartó de llorar ante el Apolo y Dafne, por los recuerdos literarios y docentes que se le venían a la cabeza.
Al salir, bajamos por Viale del Papuzzi a Piazzale delle Canestre, Viale delle Magnolie, VialeObelisco y Piazza del Popolo, que estaba llena de gente pese a su gran superficie por las celebraciones del Carnaval. Allí visitamos la Basilica di Santa Maria del Popolo, 7,00-12,00 y 16,00-19,00 h., Piazza del Popolo, 12, con sus famosos e inigualables Caravaggios. Entre las Via del Babuino, el Corso y Ripetta, entramos en las dos iglesias cuasigemelas: Chiesa di Santa Maria in Montesanto, Via del Babuino, 197, y Chiesa di Santa Maria dei Miracoli, 6,00-13,00 y 17,00-19,00 h., Via del Corso, 528.
Tomando por la Via del Corso, convertida en un río de gente, a la izquierda, visitamos la Chiesa di Gesù e Maria al Corso, 7,30-13,00 y15,00-19,00 h., con sus ricos mármoles, y, enfrente, la Chiesa di San Giacomo in Augusta, 7,45-12,00 y16,30-20,00 h.,Via del Corso, 499. Seguimos por la misma acera de la derecha y encontramos la fastuosísima Chiesa dei Santi Ambrogio e Carlo al Corso, 7,00-19,00 h., Via del Corso, 437.
Salimos a la izquierda y tomamos la primera a la izquierda, y encontramos el Mausoleo de Augusto, Piazza Augusto Imperatore, y al lado tenemos el Ara Pacis Augustae, 9,00-18,00 h., Lungotevere in Augusta. Acabamos con la Chiesa di San Girolamo degli Schiavoni, porque el personal estaba ya reventado. Yo también vi la vecina de San Rocco, pues no me pude resistir a pasar por ella sin entrar. Es superior a mis fuerzas, ver una iglesia abierta y no entrar.
El Lunes 7 de marzo salimos hacia la Via Giovanni Lanza, pasamos a Via Equizia y de allí a Piazza di San Martino ai Monti para visitar la Chiesa dei Santi Silvestro e Martino ai Monti, 7,30-12,00 y 16,00-19,00 h., para ver fundamentalmente los frescos de cómo era la primitiva Basílica de San Pedro y el aspecto primigenio de San Juan de Letrán.
Al salir, tiramos a la derecha por la Via delle Sette Sale a la Piazza di San Pietro in Vincoli, donde entramos en la iglesia homónima, 8,00-12,30 y 15,30-19,00 h., Piazza di San Pietro in Vincoli, 4/A, para contemplar las cadenas de San Pedro y el portentoso y monumental Moisés de Miguel Ángel, con su apabullante terribilità. Cogimos por Via Eudossiana a la Via delle Terme de Tito, para llegar al Coliseo. Éste es una auténtica torre de Babel, con su trasiego de personas y grupos de las más diversas procedencias. Como anécdota, a una de las alumnas no la querían dejar entrar porque decían que era mejicana; no era ni por ser morenita ni por su acento, sino porque en su carné de identidad ponía que vivía en la Calle Méjico: sin palabras. Desde entonces nuestro saludo sería: ¡Viva Méjico! Los chavales disfrutaron un montón allí, rememorando tantas escenas de gladiadores y de luchas de fieras contempladas en las películas.

Tiramos a la izquierda por la Via del Plebiscito a la Piazza del Gesù, en que se encuentra la Chiesa del Gesú, 7,00-12,30 y 16,19,45 h.(iglesia), lunes –sábado 16,00-18,00 (estancias de San Ignacio), Piazza del Gesù. Tras verla y contemplar el altar de San Ignacio con la imagen del santo cubierta por el cuadro, pasamos a las habitaciones de San Ignacio, donde nos lo enseñó todo un amable padre jesuita abuelete: los efectos ópticos del P. Andrea Pozzo y los recuerdos de San Ignacio; en la capilla, una oración, un avemaría cantado y, por su sugerencia, una sevillana rociera. Volvimos de nuevo al Gesù para contemplar la iluminación artística y la imagen argéntea del santo fundador.Tomamos el Corso Vittorio Emmanuele II, y en la acera de la izquierda, pasado el Largo della Torre Argentina, encontramos la Chiesa de San Pantaleo, 7,30-13,00 y 16,00-19,00 h.; entramos en la casa escolapia por Piazza dei Massimi,4; allí el P. Adolfo nos enseñó pormenorizada, amable y amenamente la iglesia, la sacristía y los recuerdos de San José de Calasanz. De allí pasamos a Piazza Navona, donde acabamos los itinerarios del día.El Martes 8 de marzo salimos del hotel, cogimos el metro y visitamos el Santuario de la Scala Santa, que el primer día estaba ya cerrado, y sólo yo me atreví, según mi costumbre, a subir de rodillas la empinada escalera, ágilmente, frente al asombro de todos. Al lado cogimos el autobús para las Catacumbas de San Calixto, 8,30-12,00 y14,30-17,00 h. (cerrado miércoles y mes de febrero), Via Appia Antica,110, que nos enseñó amablemente una joven guía italiana.
De allí fuimos por el bello recinto ajardinado hasta la Basílica de San Sebastián, Via Appia Antica,136. Pasamos, seguidamente, a la Tumba de Cecilia Metella y a las ruinas de San Nicola a Capo di Bove.
El Miércoles 9 de marzo partimos directamente en autobús al Vaticano para participar en la Audiencia pública pontificia, que comenzó a las 10,30 h. Tengo que reconocer que en la larga espera me rindió el sueño. Emotivo, lógicamente, fue el momento en que el relator en español nombró a nuestro grupo. Al salir, visitamos el Castel Sant’Angelo, 9,00-19,30 h., Lungotevere Castello, 50.Ese día dimos la tarde libre. Algunos fueron al Ponte Milvio, no por la batalla histórica que allí se libró sino por los románticos candados que colocan a su baranda. Los tiempos cambian. Otros se movieron entre el triángulo de Piazza Navona, Fontana de Trevi y Piazza Spagna. Mi compañera y yo almorzamos en Piazza del Pasquino con un sacerdote amigo mío de Sevilla que está terminando derecho canónico en la Gregoriana. Aprovechamos, después, la oportunidad de visitar el Monasterio de Tor de Specchi por ser el día de Santa Francesca Romana: una oportunidad única de visitar tan histórico y maravilloso recinto. Después tomamos café y visitamos, paseando por la Via dei Fori Imperiali y el Foro de Trajano, varias iglesias: Santi Cosma e Damiano, Santa Francesca Romana, Santa Maria de Loreto… Finalmente, decidimos tomar café y fue la gran clavada. Por muy listo y avezado que uno sea, siempre hay alguna ocasión en que uno paga pato por ser turista y se la dan a uno con queso. Entramos a tomar café en la Via del Plebiscito, y nos cobraron 21€ por un café y un pastelito. ¿Está bien cobrado, no? María Luisa, que era la administradora del peculio común, tuvo una gran idea: emplear los últimos haberes en una cena subvencionada formal como despedida del viaje. Fuimos al restaurante del primer día y, al llegar a un acuerdo, apalabramos la cena para el día siguiente.Al día siguiente, Jueves 10 de marzo, me arrepentí de haber dejado libre la tarde del miércoles; si repito la experiencia, la tarde libre la reservaré para el último día. Y explico por qué. Como ese día estaban descansados, el festival nocturno por habitaciones se prolongó más de lo acostumbrado y debido. Cuando al día siguiente toqué diana, estaban muertos. Hasta tuve que arrancar, inmisericorde y hitlerianamente, a dos alumnos de los brazos de Morfeo y arrancarlos de la cama.Cuando conseguí que todos estuvieran listos, antes de ir a San Pietro, visitamos unos flecos que nos habían quedado por el Campo de Marte. Cogimos el autobús hasta la Chiesa di Sant’Andrea della Valle, 7,30-12,30 y16,30-19,30 h., Piazza Vidoni, 6, con su fantástica cúpula. Tiramos a la derecha por el Corso Rinascimento, y giramos a la derecha por la Via Salvatore Giustiniani, para salir a la Chiesa di San Luigi dei Francesi, 10,00-12,30 y16,00-19,00 h., Piazza di San Luigi dei Francesi, 5, con sus fantásticos caravaggios de la Capella Contarelli con la vida de San Mateo. Como aún estaba cerrada, tomamos por Via della Scrofa, cogimos a la izquierda por Via diSant’Agostino para ver la Chiesa di Sant’Agostino in Campo Marzio,7,30-12,30 y 16,00-18,30 h., Piazza diSant’Agostino, 80, con su Caravaggio, el profeta de Rafael y la devota Madonna del Parto del Sansovino. Retrocedimos a San Luis, la vimos, cruzamos Piazza Navona y nos encaminamos a la fastuosa Chiesa Nuova.Vista ésta, con su derroche decorativo y sus Rubens, cogimos de nuevo el autobús hasta el Vaticano, para visitar en dos grupos (11,15 h. y 12 h.) la Necrópolis Vaticana en San Pedro, verdadero viaje en el tiempo. Un gran sofocón tuvimos cuando nos dijo la Guardia Suiza que no podíamos entrar con ningún bulto y la cola de los escáneres era monumental; menos mal que María Luisa tuvo la brillante idea de que el segundo grupo se quedara con todos los bultos para dejarlos en consigna y se fuera ya para entrar en la visita el primero conmigo. Afortunadamente llegamos a tiempo, si no a mí me daba algo.De allí, subimos a las grutas vaticanas, visitando especialmente la tumba del Beato Juan Pablo II y a la Basilica Papale di San Pietro, donde hubo tiempo libre para su visita. Yo aproveché para orar en la Capilla del Sagrario por mi familia, amigos y todos los que se habían encomendado a mis oraciones, entre ellos mis contertulios del Foro Ceremonia y Rúbrica de la Iglesia Española (liturgia.mforos.com).Comimos en Via del Mascherino, cogimos el autobús y visitamos el Carcere Mamertino, 9,00-17,00 h., Clivo Argentario, 1, la cárcel más antigua de Europa con ilustres huéspedes, entre los que se encontró San Pedro, con su recorrido multimedia en dos grupos.Aprovechamos para decir que no todo fue seriedad y solemnidad; también hubo tiempo para el esparcimiento: entre col y col, lechuga. Por ejemplo, como para la visita a San Pietro in Carcere hubo que esperar fue en dos grupos, nada de aburrimiento: comer, reír y jugar también formaron parte del viaje.

De allí fuimos a la espectacular Chiesa de Sant'Ignazio, con su cúpula fingida, y al Pantheon, que es una maravilla que se conserve en pie, prácticamente inalterado, desde su construcción en el siglo II con su espectacular cúpula, donde acabó el itinerario oficial.
Volvimos al hotel para ducharnos y ponernos de tiros largos para la cena en el citado Restaurante Miscellanea. Los alumnos tuvieron un detalle entrañable con nosotros los profesores: a María Luisa le regalaron un bolso y a mí una pluma de ave de plata por mi
afición de escritor. Después pasamos a despedirnos, dando un paseo, de la Ciudad Eterna: Piazza Navona, Fontana de Trevi, Piazza Spagna, Piazza Barberini, Quattro Fontane… con las fotos correspondientes, y al hotel para hacer las maletas y prepararlo todo.El tiempo, excepto los lluviosos viernes y sábado, bastante bien, aunque frío por la tarde-noche. Ni que decir tiene, que terminados los recorridos oficiales, con mi compañera, ampliábamos el periplo. Que no conociera, he visitado el Palazzo del Quirinale, la Casa de Auhgusto en el Palatino, el Monasterio de Tor de Specchi, el Oratorio del Caravita, la Chiesa dell'Annunziata, San Girolamo degli Schiavoni, Santa Maria della Pietà degli Bergamaschi, y la desacralizada de Santa Marta.
El viernes 11 de marzo –todo lo bueno se acaba- tomamos el desayuno a las claras del alba, a las siete menos cuarto, y nos trasladamos al aeropuerto para coger el vuelo a Sevilla a las diez y cuarto y, gracias a Dios, llegamos sin ningún percance a la hora prevista. En el aeropuerto, de nuevo, según lo esperado, abrazos y besos, y agradecimiento de los padres hacia nosotros. Despedidas y a casa. El sembrador ha sembrado, esperemos que la semilla fructifique. Es una satisfacción para nosotros que guardan del viaje un grato recuerdo y que quieren repetir el viaje a Italia el curso que viene. Más no se puede pedir.