Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Ángel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Ángel. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de junio de 2012

LA ÚNICA FIRMA DE MIGUEL ÁNGEL

Como es archiconocido, el famoso Michelangelo Buonarrotti (Caprese, 6 de marzo de 1475Roma, 18 de febrero de 1564) desarrolló su labor artística a lo largo de más de setenta años entre Florencia y Roma, que era donde vivían sus grandes mecenas, la familia Médici, en la primera, y los diferentes papas, en la segunda.

Escultor, pintor y arquitecto, llegó a ser muy admirado por sus contemporáneos, que le llamaban el Divino. Triunfó en todas las artes en las que trabajó, caracterizándose por su perfeccionismo. La escultura era su predilecta y la primera a la que se dedicó; a continuación, ya en Roma, la pintura, casi como una imposición por parte del Papa Julio II della Rovere, y que se concretó en una obra excepcional que magnifica la bóveda de la Capilla Sixtina, y ya, en sus últimos años, realizó proyectos arquitectónicos. 

En el año 1496 había decidido establecerse Roma, ciudad que había de verle triunfar, donde inició una década de gran intensidad artística, después de la cual, con treinta años, fue acreditado como un artista de primera línea. 

Su traslado a Roma se vio propiciado tras la venta de un Baco esculpido por él, hecho pasar por obra de la Antigüedad, al Cardenal de San Jorge Raffaele Riario, que lo invitó a la Urbe para deshacer el engaño por medio de un intermediario suyo, Jacopo Galli. Miguel Ángel aceptó de inmediato, a pesar de ser el purpurado enemigo irreconciliable de sus protectores los Medici y llegó el veinticinco de junio del 1496.

Gracias a la mediación del citado Jacopo Galli, Miguel Ángel recibió importantes encargos, entre los que se encuentra la célebre Pietà del Vaticano. Contratada a Michelangelo por el Cardenal Jean Bilhères de Lagraulas, que había sido benedictino, Embajador de Carlos VIII de Francia ante Alejandro VI Borja en Roma, realizada en mármol de Carrara, cuyo bloque había sido personalmente escogido por él en las canteras de los alpes Apuanos, la primera de este tema del artista, y que puede admirarse en la primera capilla de la nave derecha de la Basílica de San Pedro desde 1749, y una de las más importantes y famosas obras del maestro, es la única que lleva su firma.  


El contrato entre el artista y el cliente se había firmado el veintiséis de agosto de 1498, y en él se estipulaba, además del pago de 450 ducados de oro, que habría de estar terminada antes de un año, y en efecto, dos días antes de cumplirse el plazo la obra maestra ya estaba terminada, unos pocos después de la muerte del cardenal comitente, y fue colocada sobre su tumba en la Capilla de Santa Petronila en la antigua basílica vaticana. 

A la izquierda, en el flanco meridional de la basílica, están las rotondas de San Andrés y de Santa Petronila

Vasari ya decía de ella: «es una obra a la que ningún artífice excelente podrá añadir nada en dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatigue, en poder de finura, tersura y cincelado del mármol».

Se cuenta que el gran genio del Renacimiento, que entonces tenía veinticuatro años y era todavía poco conocido, después de oír el juicio de algunos entendidos en arte, que alababan su obra atribuyéndola, sin embargo, a Cristoforo Solari, se encolerizó y quiso poner en evidencia el nombre del verdadero autor, grabando su firma sobre la cinta que atraviesa el seno de laVirgen: «Michael A[n]gelus Bonarotus Florent[inus] Facieba[t]» («Miguel Angel Buonarroti, florentino, lo hizo»).