Cerca del Ponte Cestio, en una de
las zonas del Trastevere que mejor conserva su sabor medieval, al fondo de la
Piazza in Piscinula (00153 Roma), en el nº 40 se yergue la pequeña Chiesa di
San Benedetto in Piscinula, también llamada localmente San Benedettino, para distinguirla de las de Santi Benedetto e
Scholastica y San Benedetto fuori Porta San Paolo (1926).
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| Santi Benedetto e Scolastica |
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| San Benedetto fuori Porta San Paolo |
El topónimo de la plaza, así
llamada desde el siglo XII, proviene de estar abierta sobre unos baños públicos
de los muchos que había en Roma, con bañeras (piscinulae), de los que ya no queda ni rastro, aunque todavía eran
visibles en el siglo XVIII en las inmediaciones del templo. Tiene muchas
variantes en los documentos históricos: Piscincola, Piscina, Pisciolis,
Piscicolis, Pisciola, Piscicola (el
primero citado todavía se puede encontrar).
El título de la iglesia está ligado
a la biografía del Santo Patrono de Europa. Según una piadosa leyenda, la
presunta casa paterna de San Benito, la domus
Aniciorum, la residencia de los Anicii, a los cuales es dedicada la Via
Anicia cercana, se encontraba en este lugar del Trastevere, y sobre sus ruinas,
en el 543, se habría edificado la primera iglesia.
Es cierto que uno de los más
antiguos testimonios iconográficos del santo patriarca del monacato occidental,
se encuentra en el Trastevere, concretamente en los subterráneos de la Basílica
de San Crisógono, restos del primitivo templo que se remonta al siglo V: son
unos frescos que se datan en los siglos IX-X.
La noticia de la venida a Roma de San Benito la encontramos en los Diálogos de San Gregorio
Magno, casi contemporáneo del santo. Nacido en Norcia (Nursia) el 470 de rica
familia, Benito llega a la Ciudad Eterna entre el 485 y el 490, para proseguir
sus estudios superiores, pero poco después abandonó la urbe para dedicarse
completamente a la vida contemplativa.
Hasta el siglo XII no hay mención
alguna de una casa paterna en Roma en la que el santo habría habitado y donde
se habría levantado la iglesia. Quizá el incluir a Benito en la familia romana
de los Anicii se deba a un error de interpretación documental. Pedro Diácono,
en el siglo XII, en su Liber de Viris
illustribus transmite los nombre de los padres de Benito; el del padre,
Euproprio, en el Chronicon Sublacense
viene modificado en Proprio, y de ahí en Petronio, e identificado así con
Anicio Sexto Petronio Probo. La presunta pertenencia del santo a tal familia aparece
en las fuentes históricas sólo desde el siglo XV, muchos siglos después de los
sucesos.
Tal convicción fue fuertemente
sostenida a principios del siglo XVII por el Cardenal Constantino Caetani,
hasta el punto de identificar el angosto ambiente de la iglesia de San Benito
con la celda habitada por el santo más de diez siglos antes.
En la iglesia, a
la izquierda del atrio, se muestra, como veremos, una estancia donde habría vivido el futuro
monje antes de convertirse en un eremita, y en donde rezaría a la Virgen.
Las noticias ciertas de esta
pequeña iglesia, ya no fundamentadas en tradiciones o leyendas, son escasas. Se
cita, en 1192, en el Liber Censuum de
Cencio Camerario (el futuro Honorio
III Savelli, elegido Papa en 1216) como San
Benedetto de Piscina.
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| Cencio Camerario, Honorio III, autor del Liber Censuum |
Por la estructura muraria y algunos
capiteles de la iglesia parece ser que debió edificarse allí una capilla en el
siglo VIII, de la restauración y ampliación de la cual, después del saqueo de
Roberto Guiscardo en el 1084, surgiría la iglesia actual.
El campanario se remonta al siglo
XI, el más pequeño de Roma en su estilo, con dos campanas, una, minúscula, de
45 cm. de diámetro, que tiene el año 1069 grabado en ella, por lo que
sobrevivió al saqueo normando citado del 1084. Es de planta cuadrangular, y
levantado en ladrillo, dividido en dos planos por una simple cornisa a diente
de sierra. En el superior se abren pequeñas bíforas sostenidas por una
columnilla. Fragmentos marmóreos de variada forma y color decoran su frente.
Una segunda cornisa separa el conjunto del ático superior, sobre el que apoya
el techo a cuatro aguas muy pronunciadas.
Fue elevada a
parroquia en 1386, y lo fue hasta 1824. Al serle otorgado el carácter
parroquial, obtuvo el derecho a tener cementerio adyacente, que perduró hasta
la ocupación francesa de finales del siglo XVIII, en que fueron eliminados
algunos de dentro de los muros de la ciudad. La feligresía siempre fue escasa y
pobre, y estaba rodeada de muchas otras iglesias.
La techumbre fue restaurada en 1412
a consta de Giovanni Castellani (cuya antigua y noble familia poseía el palacio
vecino).
Modificada la iglesia en muchas ocasiones, en 1678 fue rehecha la fachada, que
incluyó en ella el nártex y fueron construidos, a los lados, el Colegio de San Anselmo, para benedictinos
transeúntes en Roma, y un hospital que funcionó hasta que Filippo Raguzzini,
por encargo de Benedicto XIII Orsini construyó en 1726 aquél más amplio dedicado
a Santa María y a San Gallicano, ambos edificios desaparecidos.
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| Ospedale di San Gallicano |
A costa de un párroco, Antonio
Veraldi Angelo Calabrese, en 1687, se estucó la fachada y se decoró con frescos.
En 1691 fue encargado el monumento funerario en memoria del Abate Giacomo De
Petris en el ábside. Éste mecenas también proporcionó una nueva entrada grande
dentro del nártex.
En 1728 el sacerdote Antonio
Piervenanzi proveyó la ampliación de la adyacente casa parroquial. El once de
noviembre de dicho año la iglesia, después de reparársele la cubierta, fue
consagrada por Monseñor Giuseppe de Saporitis y Cerrado, Visitador Apostólico
y, como recuerdo del suceso, fue colocada una lápida en el pórtico de la
iglesia.
Al experimentar la orden
benedictina un resurgimiento por esta época, tras el estado de postración que
le había provocado el periodo napoleónico, muchos religiosos de ella se
preocuparon por el futuro de la iglesia, destacándose Pietro Casaretto,
fundador de lo que es ahora la Congregación de Subiaco.
Lo mismo hizo el
Cardenal Antonio Tosti, que patrocinó el proyecto de la restauración integral
ante el Vaticano.
El uno de noviembre de 1824, por
bula del Papa León XII Sermattei della Genga, fue suprimido su carácter
parroquial y trasladado a Santa Maria della Luce. El censo parroquial de ese
año incluye quinientas una personas en ciento diecinueve familias; de ninguna
manera la parroquia más pequeña de Roma, pero sí de las zonas más deprimidas de
la ciudad. Los vasos sagrados fueron transferidos a la iglesia de Santa Maria
della Pace.
Durante un decenio la iglesia
sufrió tal abandono que fueron necesarios dos restauraciones: una primera, en
1835 y una segunda, en 1844, gracias a las subvenciones de la familia Massimo. Carlo
Massimo había fundado una escuela aquí en 1819 seguramente en el edificio del
antiguo colegio benedictino, y su familia, de la nobleza local, se hizo cargo
de la iglesia. La primera campaña de restauración fue en 1835, pero en 1844 fue
la importante. La iglesia se reabrió en 1855.
Las obras, encomendadas al
arquitecto Pietro Camporese el Joven incluyeron la fachada actual de la iglesia,
con portada arquitrabada rematada en cornisa sobre volutas, luneta y tímpano, muy
similar a la de San Pantaleo, aunque conservando afortunadamente sin
modificación el campanario románico.
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| Foto antigua |
Fue añadido un nuevo altar donado por el
Cardenal Tosti.
Parece que la iglesia se cerró de
nuevo en 1910 como la escuela contigua, al perder el interés la familia
Massimo. Todavía tuvo otro remozamiento en 1929 cuando la familia Lancellotti, heredera del patronato de la familia Massimo, se hizo cargo
de su mantenimiento, pero sólo fueron capaces de ello hasta 1939, en que fue
devuelta a la Diócesis.
El veintiuno de
marzo de 1939, tras la renuncia al derecho de patronato de la familia
Lancellotti, la iglesia fue reabierta al público y restaurada e costa del
Vicariato de Roma. Del 1941 al 2002 la iglesia fue sede de una comunidad
religiosa femenina de vida activa, el Instituto de Nuestra Señora del Monte
Carmelo, pero desde el 2003 el Vicariato di Roma la transfirió a la custodia de
los Heraldos del Evangelio, una asociación internacional de Derecho Pontificio
de origen brasileño.
Éstos emprendieron una completa
restauración, efectuada entre el 2002 y el 2007, pretendiendo repristinar el
ambiente medieval, eliminando añadidos dieciochescos y dejando a la vista los
muros medievales y unos frescos muy interesantes.
A la iglesia se ingresa a través del
nártex, que se añadió a finales del siglo XIII, como la Capilla de Nuestra
Señora, a la izquierda, que comunica con éste y con la celda de San Benito.
La celda del
santo, que se encuentra a la izquierda de ese atrio, tiene acceso directo desde
aquí a través de la capilla citada o por una puerta abierta en la nave
izquierda de la iglesia.
El acceso a la Capilla de la Virgen
es medieval, y tiene dos delgadas semicolumnas con capiteles corintios sobre
las que descansa un dintel rematado en cornisa, enmarcado en un arco de
descarga del muro. El dintel está
decorado con un friso de mosaicos
cosmatescos.
El oratorio es de planta
trapezoidal con bóveda de crucería que apoya sobre cuatro columnas de alto
plinto con capiteles medievales del siglo VIII, construido en torno al siglo
XIII.
A la izquierda de la puerta de la
capilla hay una lápida pétrea en italiano recordando la concesión de
indulgencias a los que oren ante el icono en la capilla, datada en 1854.
Recitando las Letanías de Nuestra Señora se ganaba trescientos años de
indulgencia con una adicional de cien días si re rezaban tres avemarías por la
conversión de los pecadores.
Su
altar, consagrado en 1604, provisto de una bella lápida de pórfido de tipo
cosmatesco en su frontal, cobija una Virgen con el Niño, el cual sostiene una
pequeña cruz, llamada Madonna della Misericordia, un fragmento de fresco
del siglo XIV particularmente venerado porque se creía popularmente que ante él
venía a orar San Benito, y del que habría recibido la invitación de fundar su
orden.
Está flanqueado por dos columnas dóricas de mármol gris veteado, sobre las que apoya
un frontón rectangular.
De este oratorio se
accede por la derecha a una celda muy estrecha y oscura de unos cuantos metros
de largo y poco más de uno de ancho, pero parece que originalmente era
de mayores dimensiones, menguadas quizá por la construcción de una casa a la
izquierda de la iglesia, que la tradición hace remontar a la
habitación y el lugar de penitencia del joven santo.

En su interior se puede
leer: “Estos ladrillos, parte de los antiguos muros sobre los cuales fue
construida la iglesia, son los únicos restos visibiles de la Domus Aniciorum,
unicos testimonios de la presencia, en torno al 495 d.C., de un joven de
familia patricia llamado Benito, el cual se trasladó de Norcia a Roma, según la
costumbre de la época, en orden a prepararse para la carrera senatorial. De
aquí partió para Affile, ciudad donde tuvo lugar su primer milagro conocido. Se
trasladó después a Subiaco, donde inició la sublime aventura contemplativa de
la familia benedictina, convirtiéndose, de esta manera, para la posteridad, el
Santo y Glorioso Patriarca del monacato occidental”.
El
interior de la iglesia, del siglo XII, de planta basilical, se distribuye en
tres naves asimétricas comunicadas por cuatro arcadas a cada lado sobre columnas y
capiteles de orden jónico y corintio de acarreo, de diferente
material, mármol y granito, de los primeros siglos del Imperio.
Los muros son
oblicuos.
El pavimento, cosmatesco de la misma época. Éste tiene la
importancia, de entre los que podemos ver en Roma, de haberse conservado casi
en su estado original, aunque por este motivo se ve en cierta medida deslucido, ya que las piezas
de mármol se han desgastado y agrietado con el
tiempo, y muchas de
las piezas incrustadas se han perdido y han sido sustituidas con cemento. Los trozos de
mármol amarillo son giallo antico de
Argelia, los de mármol rojo son pórfido imperial del desierto occidental de
Egipto y los de color gris oscuro son serpentino de la griega Esparta.
En el muro de la
cabecera se abre un ábside semicircular rematado por un cuarto de esfera, sin
separación de presbiterio. La cubierta está a la luz, pues carece de techo, y
probablemente nunca lo tuvo.
Los muros perimetrales exhiben
fragmentos de frescos del siglo XII que han sido conservados en la última
restauración; el de la derecha muestra escenas del Antiguo Testamento, y el de la izquierda del Juicio Final.
Hay un
notable fragmento de Santa Ana con la Virgen y el Niño.
Hay también uno de la Virgen con el Niño, entre San Pedro y San Pablo.
El ábside contiene maltrechos
frescos del siglo XVI de estilo veneciano. Los dos santos de los lados son San
Antonio Abad y San Lorenzo Mártir.
En el medio, bajo el icono de la Virgen del Siglo XIV, es exhibido un fresco medieval
de San Benito joven, que fue robado durante la anterior etapa de residencia de
las hermanas carmelitas, pero que los Heraldos pudieron recobrar tras una
operación policial.