sábado, 29 de octubre de 2011

MISA EN SAN PEDRO DEL VATICANO SEGÚN EL USO EXTRAORDINARIO DEL RITO ROMANO

ROMA AETERNA (UNA VOCE): El próximo sábado 5 de noviembre, a las 10 horas, Su Eminencia Reverendísima el Sr. Cardenal Darío Castrillón Hoyos, presidente emérito de la Pontificia ComisiónEcclesia Dei, celebrará, Dios mediante, una misa prelaticia en la Capilla del Santísimo Sacramento de la Basílica de San Pedro del Vaticano, como acto de apertura de la XX Asamblea General de la Federación Internacional Una Voce (FIUV). El sacro rito será oficiado en el rito romano clásico para los delegados de las distintas asociaciones, llegados de los cinco continentes, y contará, además, con la presencia de distinguidos invitados, amigos de la esta organización de católicos laicos pionera y decana de todas las entidades dedicadas a la venerable forma extraordinaria de la liturgia romana. Dado que el aforo de la capilla es limitado se requerirá para el ingreso en ella la presentación de un pase que será controlado por el servicio de vigilancia de la Basílica Vaticana.

miércoles, 11 de mayo de 2011

CRÓNICA DE DOS PROFESORES CHIFLADOS EN ROMA

Queridos lectores, entre los días 4 y 11 de marzo he estado en Roma. Pero este viaje, entre los muchos que he hecho y, si Dios quiere, haré a la Ciudad Eterna, es singular: puede sin duda denominarse AVENTURAS DE DOS PROFESORES CHIFLADOS EN ROMA, pues, visto con perspectiva, hay que tener mucho amor por la Ciudad Eterna y altruismo académico -recibimos en concepto de dietas la birriosa cantidad de 230€- para asumir la responsabilidad de ir al cargo de 22 alumnos de 1º Bachillerato durante siete días y medio las veinticuatro horas.

Vaya por delante que los 6 chavales y las 17 chavalas se han portado muy bien y no ha habido, bendito sea Dios, ningún percance. Pero, aparte la responsabilidad de convertirnos la compañera de lengua y yo, al cargo ambos del viaje, en padres temporales, sin duda lo más cansado ha sido ir tirando del grupo, intentar que fuera cohesionado, que nadie se perdiera, que el comportamiento en los lugares visitados fuera ejemplar, que no dejaran de observar y de disfrutar de lo más destacado de cada monumento...Todo empezó como una broma. Yo llevo siete años en el Instituto Albert Einstein, en el sevillano barrio de Pino Montano, en la zona norte de la ciudad, y todos saben ya de mi locura por Roma. Me imagino que, como dice el refrán, siembra que algo queda... Se da la circunstancia de que el año pasado le dieron traslado al profesor que solía preparar las excursiones de final de curso. A principios del presente, estaba en el patio con una compañera de lengua, María Luisa, que es la que les imparte clase a algunos cursos de 1º de bachillerato, y se le acercaron unos alumnos de ese nivel para convencerla de que se hiciera cargo de la excursión, que ningún profesor quería. Ella, medio en broma medio en serio, se dirigió a mí y me dijo: ¿si vamos a Roma, tú la organizas conmigo? Evidentemente, tuve que decir que sí, porque yo siempre había dicho que sólo iría si era a Roma.De esta manera se planteó como VIAJE DE ESTUDIOS. Hicimos una reunión en la que se comprometieron, pese a la incredulidad de algunos compañeros, unos 30, que finalmente quedaron en 22. Yo me encargué de buscar buenas condiciones en las agencias de viaje, preparar itinerarios, hacer presupuesto de gastos, adquirir entradas on-line... Ella se encargó de buscar fuentes de financiación y solucionar toda la ingente y fastidiosa tarea burocrática. Al final decidimos realizar el viaje con Viajes Saravia, magníficamente atendidos por mi viejo amigo de cofradías Miguel Ángel, escogiendo la fecha, tras obtener los oportunos permisos de la dirección del centro, por ser más ventajosa económicamente y no distorsionar el trabajo del trimestre. A los alumnos les salió por 440€; en la cantidad estaban incluidos nuestros viajes, con billete de avión Roma-Sevilla, Sevilla-Roma, traslado aeropuerto-hotel y hotel-aeropuerto y estancia en régimen de alojamiento-desayuno en el Hotel D'Este, regentado por chinos, en la Via Carlo Alberto, 4/B, junto a Santa Maria Maggiore, muy buen sitio por estar al lado de Termini, nudo estratégico de comunicaciones.Por fin llegó el día. En el aeropuerto, últimas recomendaciones, revisión de papeles, despedida de padres y familiares… Tengo que reconocer que, cuando ya me vi en el avión, me entró algo de miedo por la responsabilidad. Como el vuelo salió a las 7 de la mañana, pudimos aprovechar todo el día. Cuando estábamos dejando las maletas en recepción y solucionando el papeleo, ocurrió la primera anécdota del viaje. Mi compañera estaba repartiendo mapas a los alumnos y, por cortesía, se lo dio también a unos señores que estaban sentados junto a nosotros. Cuando el recepcionista se ausentó un momento del mostrador para indicarnos dónde dejar las maletas hasta que, por la tarde, pudiéramos ocupar las habitaciones, uno de esos señores se metió detrás y salió como el que no quiere la cosa con de sus acompañantes. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, al volver a su puesto, vemos que al recepcionista, que no sabía nada de español por cierto, empieza a mudársele la cara y ponérsele de mil colores y empieza a preguntarnos si alguien había ido detrás del mostrador. Le dijimos que sí y éste empieza a decir “ladro!, ladro!...”; sale a la calle, pero ya nada había qué hacer.Ésta fue la primera en La Campana, imagínense las reacciones de los alumnos, que empiezan a pensar que han llegado al Bronx en vez de a la Ciudad Eterna. Tras este primer percance, por fin, salimos del hotel con algo de retraso sobre lo previsto, con la promesa de que el itinerario “oficial” acabaría sobre las seis de la tarde, lo que, chispa más o menos, se cumplió todos los días.Tiramos por la Via Carlo Alberto en dirección a la Piazza VittorioEmanuele II, la atravesamos tras contemplar la Porta Magica y el Trofeo de Mario, y continuamos en la misma dirección por la Via Conte Verde, cruzamos el Viale Manzoni y proseguimos por la Via di Santa Croce in Gerusalemme, hasta desembocar en la Piazza di Santa Croce in Gerusalemme, donde se visitamos la Basilica di Santa Croce in Gerusalemme, con su memoria de la Pasión. Al salir, cogimos por el Viale Carlo Felice hasta la Piaza di Porta San Giovanni, donde nos encontramos a la derecha el Santuario de la Scala Sancta, que ya estaba cerrado, por el retraso de primera hora.De frente, nos encontramos con el edificio octogonal del Battistero Lateranense. A continuación abordamos la visita de la imponente mole de la Arcibasilica Papale di San Giovanni in Laterano, primera gran sorpresa del viaje, por su riqueza y dimensiones, con sus doce apóstoles marmóreos gigantes, entre los que llama la atención San Bartolomé, con su propia piel en las manos, en recuerdo de su martirio, que parece mentira que haya sido trabajada en duro mármol. Tomamos por Via Merulana hasta la Basilica di Santa Maria Maggiore, con nuestro Felipe IV en el nártex.
Tras esta intensa mañana, nos merecíamos, sin duda, un refrigerio. Dimos tiempo libre de 2 a 4 para almorzar. Partimos a las 4 de la Piazza della Repubblica, empezando con la monumental y grandiosa Basilica di Santa Maria degli Angeli, con su curiosa meridiana. Desde allí tomamos la Via V. E. Orlando hasta la Piazza di San Bernardo, donde admiramos la Fuente de Moisés, y visitamos, primero a la izquierda, la Chiesa di San Bernardo alle Terme. De frente, nos encontramos dos templos; a la derecha, la Chiesa di Santa Maria de la Vittoria, con su famosísimo Éxtasis de Santa Teresa de Bernini. A continuación visitamos, a la izquierda, la Chiesa di Santa Susanna, en cuya sacristía adquirimos a las monjas caramelos de miel, medallas, estampas y agnusdéis.
Al salir, cogimos a la derecha la Via XX Settembre hasta el cruce de la Via QuattroFontane, en donde admiramos las cuatro fuentes; la Chiesa di San Carlo alle Quattro Fontane, como es muy frecuente, estaba cerrada a pesar del horario de su puerta; no en vano sus trinitarios son españoles. Bajamos por Via Quattro Fontane hasta Piazza Barberini, con su fuente del Tritone; de allí a Via VittorioVeneto, en cuyo comienzo subimos a la Chiesa dell’Inmacolata Concezione, Capuccini, 9-12 h.; 15-18 h. (Jueves cerrado), tras visitar las extremadamente curiosas capillas de los huesos, donde nos felicitaron por el buen comportamiento del grupo.

Desde Piazza Barberini, cogimos por Via del Tritone, tiramos a la izquierda por la Piazza de la Accademia di San Luca, Via de la Stamperia, hasta la Piazza Trevi, con la portentosa Fontana homónima, donde acabó el itinerario de la primera jornada sobre las seis y pico de la tarde. Desde entonces, este lugar se convirtió en el lugar preferido de los chavales, por su belleza y ambiente inigualables. Para la vuelta al hotel, les informé de dónde y qué autobuses podían coger, para que cada uno empleara a placer su tiempo libre.
Como inciso, una de las preocupaciones de mi compañera era qué pasaría de noche. Yo le manifesté muchas veces que no habría problema: estarían tan reventados que no tendráin ganas ni de salir. Así fue: compraron unas vituallas en un supermercado cercano para cenar y se encasquetaron sus respectivos pijamas y se reunieron en una habitación para disfrutar de su merecido descanso en grata convivencia, con sus cachimbas y todo, con las que habían cargado desde Sevilla. Sólo dos chavales se vinieron con nosotros dos para cenar, el único día. Fuimos a parar a un restaurante junto al Panteón, que fue un gran descubrimiento, por su calidad, buen ambiente, excelente servicio y precios aceptables. Tras hacer una ronda de vigilancia y advertir que no se formara jaleo, nos fuimos al merecido descanso nocturno.
El Sábado 5 de marzo había reservado como grupo escolar entrada a las 10,30h. para los Musei Vaticani. Salimos, como todos los días, sobre las nueve menos cuarto. Cogimos el metro en Termini hasta la estación Cipro-Musei Vaticani, y entramos. Visitamos la Pinacoteca, el Gregoriano Egipcio, el Museo Pío-Clementino, el Museo Chiaramonti, el Bracchio Nuovo, el Museo Pío-Cristiano, y los palacios pontificios. A partir de la Galería de los Candelabros, el caos habitual: una marea de gente dirigiéndose ansiosa a la Capilla Sixtina.

Al salir, pues el grupo se había desmembrado, los móviles funcionaban mal, estaba lloviendo… nos costó trabajo, ante mi desesperación, de volvernos a juntar. Cuando al fin lo logramos –no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista-, nos dirigimos hacia el Borgo Pio, donde dimos tiempo para comer y hacer algunas compras; yo, por encargo, en Comandini y en una tienda de recuerdos chinos –donde ya me conocen- para comprar camisetas para mis sobrinos y detalles a gente amiga.
A las cuatro reanudamos la marcha por la Via della Conciliazione y visitamos, de camino, Santa Maria in Traspontina, cruzamos el Tíber y nos encaminamos a San Giovanni Battista dei Fiorentini, 7,30-13,00 y 16,00-19,00 h., Via Acciaioli,2, pero que, por desgracia, estaba cerrada pese a ser hora de visita.
Después, iniciamos la inigualable Via Giulia, en la que encontramos la Chiesa di San Biagio degli Armeni, 16,30-19 h., Via Giulia, 63, que una religiosa estaba abriendo. Por la Via della Barchetta, bocacalle de la izquierda, pasamos a la Via in Monserrato, que tomamos a la derecha, donde encontramos la Chiesa di Santa Maria in Monserrato degli Spagnoli, como casi siempre, cerrada.
Seguimos recorriendo la calle en el mismo sentido y llegamos a la Piazza di Santa Caterina della Rotta, donde encontramos cerrada a la derecha Chiesa di Santa Caterina della Rota, domingo11-12 h., Via di San Girolamo della Carità, 80. Esquina con la misma calle encontramos la Chiesa di San Girolamo della Carità, Via di Monserrato, 62/A, también cerrada (yo todavía no la he logrado ver en mis múltiples viajes para mi desesperación). Al final de la calle, en la esquina de la izquierda, la Chiesa di San Tommaso di Canterbury, domingo9,30-11 h.,Via di Monserrato, 45. Continuamos por Via di Monserrato y cogimos a la derecha por Via Farnese a Via Giulia; al llegar a ésta, tiramos a la izquierda, para ver la Chiesa di Santa Maria della Orazione e Morte, 16,00-19,00 h., Via Giulia, 262, con su cripta de los huesos, más modesta que la de los capuchinos. Seguimos por Via Giulia y cogimos, a la izquierda, por Via di Mascherone; tras contemplar la fuente homónima, ante la que hubo foto de grupo, continuamos hasta Piazza Farnese, donde encontramos el bellísimo Palazzo Farnese, Piazza Farnese, 67.Cogimos a la derecha Via Venti a Piazza di Santa Maria della Quercia, donde encontramos cerrada la Chiesa di Santa Maria della Quercia, domingo10,00-12,00 h., Piazza della Quercia, 27. Seguimos por Via de Capo di Ferro a la plaza homónima, donde tenemos el Palazzo Spada, martes a domingo 8,30-19,30 h., Piazza Capo di Ferro, 13, en el que vimos la famosa galería en perspectiva de Borromini.
Anduvimos por la misma calle y al llegar a Via dei Pettinari, tiramos a la derecha, donde entramos en la Chiesa della Santissima Trinità dei Pellegrini, parroquia de rito tradicional. Saliendo, a la derecha, llegamos a la Chiesa di San Paolo alla Regola, donde visitamos la capilla que conmemora su estancia en Roma.

A la derecha, tiramos por la Via di Santa Maria in Monticelli, donde se alza la Chiesa di Santa Maria in Monticelli, en la que admiramos su devoto Gesù Nazareno y, después, seguimos por la calle hasta la Piazza Cairoli, donde está la Chiesa di San Carlo ai Catenari, con su bella cúpula y su interesante Capilla de Santa Cecilia. Aquí acabó el itinerario del segundo día.

El domingo 6 de marzo yo fui a misa de 8 a Santa Prassede. A la hora acostumbrada, salimos del hotel, cruzamos, cogimos la Via de S. Antonio y, en la esquina de Via Merulana, visitamos la chiesa de Sant'Alfonso con su famosísimo icono de la Virgen del Perpetuo Socorro. La siguiente parada fue en la Basilica di Santa Prassede all’Esquilino, 7,30-12,00y 16,00-18,30 h., Via di Santa Prassede, 9/a, con sus archiconocidos mosaicos, sobre todo su Capilla del Paraíso. Saliendo, tiramos a la izquierda, continuamos por Via Liberiana, hasta Piazza dell’Esquilino, y al fondo, a la izquierda, tomamos ViaUrbana, donde encontramos la Chiesa di Santa Pudenziana al Viminale, 8,30-12,00y 15,00-18,00 h., Via Urbana, 160, con su no menos importantes mosaicos.

Cogimos Via Santa María Maggiore a Via Milano hasta Via del Quirinale, que cruzamos, donde visitamos la Chiesa di Sant’Andrea al Quirinale, 8,00-12,00 y 16-19 h., Via del Quirinale, 29, con su sacristía y las estancias de San Stanislao, maravilloso complejo berninesco.

Saliendo, a la izquierda, seguimos por la misma calle hasta el Palazzo del Quirinale, domingos 8,30-12,00 h., donde, tras una larga cola, disfrutamos una merecida visita. Tomamos por Via della Dataria, a la izquierda, Via Lucchesi a la Piazza della Pilotta, ViaVaccaro, a la Piazza di San Silvestro, donde visitamos, tras tener que dejar la Chiesa di Santa Maria in Via, 7,15-12,45 y16,00-20,00 h., Via del Mortaro, 24, porque había misa y estaba abarrotada, la Chiesa di Santi Andrea e Claudio de’Borgognoni,7,00-13,00 y 16,00-20,00 h., Via del Pozetto, 160, donde nos atendió amablemente un padre sacramentino.

De allí fuimos a Piazza Spagna con la Embajada de España ante la Santa Sede, en la que finalizó la mañana. Tras tiempo libre para comer, subiendo por la escalinata, nos encontramos la Chiesa della Santissima Trinità dei Monti,7,00-13,00 y 15,00-19,00 h., Piazza della Trinità del Monti, donde comenzamos nuestro recorrido vespertino.

Seguidamente, cogimos a la derecha por la Via della Trinitá dei Monti, a la derecha por Viale Obelisco, cruzamos el Muro Torto, seguimos por Viale Magnolie, cruzamos el Piazzale Canestre, tiramos a la derecha por el Viale San Paolo del Brasile, hasta coger a la izquierda el Viale del Museo Borghese; teníamos reservada entrada en Galleria Borghese de 15-17 h., Piazzale del MuseoBorghese, 5. Paseo largo pero mereció la pena; el contemplar las esculturas de Bernini es una experiencia única. Mi compañera María Luisa se hartó de llorar ante el Apolo y Dafne, por los recuerdos literarios y docentes que se le venían a la cabeza.

Al salir, bajamos por Viale del Papuzzi a Piazzale delle Canestre, Viale delle Magnolie, VialeObelisco y Piazza del Popolo, que estaba llena de gente pese a su gran superficie por las celebraciones del Carnaval. Allí visitamos la Basilica di Santa Maria del Popolo, 7,00-12,00 y 16,00-19,00 h., Piazza del Popolo, 12, con sus famosos e inigualables Caravaggios. Entre las Via del Babuino, el Corso y Ripetta, entramos en las dos iglesias cuasigemelas: Chiesa di Santa Maria in Montesanto, Via del Babuino, 197, y Chiesa di Santa Maria dei Miracoli, 6,00-13,00 y 17,00-19,00 h., Via del Corso, 528.

Tomando por la Via del Corso, convertida en un río de gente, a la izquierda, visitamos la Chiesa di Gesù e Maria al Corso, 7,30-13,00 y15,00-19,00 h., con sus ricos mármoles, y, enfrente, la Chiesa di San Giacomo in Augusta, 7,45-12,00 y16,30-20,00 h.,Via del Corso, 499. Seguimos por la misma acera de la derecha y encontramos la fastuosísima Chiesa dei Santi Ambrogio e Carlo al Corso, 7,00-19,00 h., Via del Corso, 437.

Salimos a la izquierda y tomamos la primera a la izquierda, y encontramos el Mausoleo de Augusto, Piazza Augusto Imperatore, y al lado tenemos el Ara Pacis Augustae, 9,00-18,00 h., Lungotevere in Augusta. Acabamos con la Chiesa di San Girolamo degli Schiavoni, porque el personal estaba ya reventado. Yo también vi la vecina de San Rocco, pues no me pude resistir a pasar por ella sin entrar. Es superior a mis fuerzas, ver una iglesia abierta y no entrar.

El Lunes 7 de marzo salimos hacia la Via Giovanni Lanza, pasamos a Via Equizia y de allí a Piazza di San Martino ai Monti para visitar la Chiesa dei Santi Silvestro e Martino ai Monti, 7,30-12,00 y 16,00-19,00 h., para ver fundamentalmente los frescos de cómo era la primitiva Basílica de San Pedro y el aspecto primigenio de San Juan de Letrán.

Al salir, tiramos a la derecha por la Via delle Sette Sale a la Piazza di San Pietro in Vincoli, donde entramos en la iglesia homónima, 8,00-12,30 y 15,30-19,00 h., Piazza di San Pietro in Vincoli, 4/A, para contemplar las cadenas de San Pedro y el portentoso y monumental Moisés de Miguel Ángel, con su apabullante terribilità. Cogimos por Via Eudossiana a la Via delle Terme de Tito, para llegar al Coliseo. Éste es una auténtica torre de Babel, con su trasiego de personas y grupos de las más diversas procedencias. Como anécdota, a una de las alumnas no la querían dejar entrar porque decían que era mejicana; no era ni por ser morenita ni por su acento, sino porque en su carné de identidad ponía que vivía en la Calle Méjico: sin palabras. Desde entonces nuestro saludo sería: ¡Viva Méjico! Los chavales disfrutaron un montón allí, rememorando tantas escenas de gladiadores y de luchas de fieras contempladas en las películas.

Después, pasamos a la visita del Foro Romano y Palatino, lunes-viernes 8,30-17,00 h., donde tuvimos oportunidad de ver la Casa de Augusto, con sus pinturas pompeyanas. Al salir, extenuados, subimos a la popular Piazza del Capitolio. Quedamos allí a las 4 pues merecíamos un descanso y un refrigerio. Cuando llegamos, estaban todos dormitando, tumbados al solito. Reanudamos el camino, comenzamos por la Chiesa di Santa Maria in Aracoeli, 9,00-12,30 y15,00-18,30 h., Scala dell’Arce Capitolina, 14, con visita al Santo Bambino. De allí bajamos, tras contemplar una bella vista de Roma desde la terraza del Vittoriano, a la Piazza San Marco, y llegamos a Piazza Venezia.
Tiramos a la izquierda por la Via del Plebiscito a la Piazza del Gesù, en que se encuentra la Chiesa del Gesú, 7,00-12,30 y 16,19,45 h.(iglesia), lunes –sábado 16,00-18,00 (estancias de San Ignacio), Piazza del Gesù. Tras verla y contemplar el altar de San Ignacio con la imagen del santo cubierta por el cuadro, pasamos a las habitaciones de San Ignacio, donde nos lo enseñó todo un amable padre jesuita abuelete: los efectos ópticos del P. Andrea Pozzo y los recuerdos de San Ignacio; en la capilla, una oración, un avemaría cantado y, por su sugerencia, una sevillana rociera. Volvimos de nuevo al Gesù para contemplar la iluminación artística y la imagen argéntea del santo fundador.
Tomamos el Corso Vittorio Emmanuele II, y en la acera de la izquierda, pasado el Largo della Torre Argentina, encontramos la Chiesa de San Pantaleo, 7,30-13,00 y 16,00-19,00 h.; entramos en la casa escolapia por Piazza dei Massimi,4; allí el P. Adolfo nos enseñó pormenorizada, amable y amenamente la iglesia, la sacristía y los recuerdos de San José de Calasanz. De allí pasamos a Piazza Navona, donde acabamos los itinerarios del día.
El Martes 8 de marzo salimos del hotel, cogimos el metro y visitamos el Santuario de la Scala Santa, que el primer día estaba ya cerrado, y sólo yo me atreví, según mi costumbre, a subir de rodillas la empinada escalera, ágilmente, frente al asombro de todos. Al lado cogimos el autobús para las Catacumbas de San Calixto, 8,30-12,00 y14,30-17,00 h. (cerrado miércoles y mes de febrero), Via Appia Antica,110, que nos enseñó amablemente una joven guía italiana.
De allí fuimos por el bello recinto ajardinado hasta la Basílica de San Sebastián, Via Appia Antica,136. Pasamos, seguidamente, a la Tumba de Cecilia Metella y a las ruinas de San Nicola a Capo di Bove.
Paseamos por la bucólica Via Appia Antica hasta la Chiesa del Domine quo Vadis, y, tras visitarla, cogimos el autobús 118 hasta el increíblemente grande Circo Massimo. Tras visitar la Chiesa di Santa Maria in Cosmedin con su Boca de la Verità, el grupo con mi compañera pasó al Trastevere para almorzar mientras yo iba al Vaticano a recoger las entradas de la Audiencia Pontificia del Miércoles.Comí, y tras el fastidio interminable de la cola y los escáneres –creí morirme-, pude acceder al Portale di Bronzo para retirar los billetes dichos. Tengo que reconocer que me impresionó muchísimo ingresar por éste y contemplar al fondo la Scala Regia, imaginándome los cielos perdidos del antiguo fasto pontificio. Tras ello, cogí un taxi, pues había quedado a las 4 en la Piazza di Santa Maria in Trastevere con el grupo.Tras un helado, comenzamos la tarde, dedicada al popular barrio transtiberino, visitando la magnífica Basilica di Santa Maria In Trastevere, 7,30-20,00 h.,Piazza di Santa Maria in Trastevere, con sus maravillosos y deslumbrantes mosaicos. De allí pasamos a la Capella di Sant’Agata in Trastevere, 9,00-12,00y 16,00-19,00 h., Largo di San Giovanni de Matha, 91, donde visitamos a la popular Madonna de Noantri. A continuación fuimos a la Chiesa di San Francesco a Ripa, 7,00-12,00 y16,00-19,30 h., Piazza di San Francesco d’Assisi, 88, con la Beata Albertoni de Bernini.Tomamos Via Anicia hacia la Chiesa della Madonna dell’Orto, 8,00-12,00 h. y16,00-19,00 h., Via Anicia, 10, que, sin embargo –lástima- estaba cerrada. Tiramos de frente por la Via della Madonna dell’Orto, torcimos a la izquierda por Via di Santa Cecilia hasta la Basilica di Santa Cecilia in Trastevere, 9,30-13,00 y 16,00-18,30 h., Piazza di Santa Cecilia, 22, con su emotiva imagen.Al salir, giramos a la izquierda y doblar, también a la izquierda por Via dei Genovesi, hasta Via della Luce, que cogimos a la derecha para encontrar la Chiesa di Santa Maria della Luce, 10,00-13,00 y15,00-19,00 h., Via della Luce, 78, curiosa por albergar reproducciones de las principales devociones de Hispanoamérica. Tomamos, tras esto, calle abajo a la izquierda, y, por la Via della Lungarina, a la derecha, hasta la Piazza in Piscinula, para ver la pequeña Chiesa di San Benedetto in Piscinula,7,00-13,00 y 16,00-20,00 h., Piazza in Piscinula, 40, que recuerda la primitiva morada del santo al que está dedicada. Aquí acabó el recorrido oficial del día.El Miércoles 9 de marzo partimos directamente en autobús al Vaticano para participar en la Audiencia pública pontificia, que comenzó a las 10,30 h. Tengo que reconocer que en la larga espera me rindió el sueño. Emotivo, lógicamente, fue el momento en que el relator en español nombró a nuestro grupo. Al salir, visitamos el Castel Sant’Angelo, 9,00-19,30 h., Lungotevere Castello, 50.Ese día dimos la tarde libre. Algunos fueron al Ponte Milvio, no por la batalla histórica que allí se libró sino por los románticos candados que colocan a su baranda. Los tiempos cambian. Otros se movieron entre el triángulo de Piazza Navona, Fontana de Trevi y Piazza Spagna. Mi compañera y yo almorzamos en Piazza del Pasquino con un sacerdote amigo mío de Sevilla que está terminando derecho canónico en la Gregoriana. Aprovechamos, después, la oportunidad de visitar el Monasterio de Tor de Specchi por ser el día de Santa Francesca Romana: una oportunidad única de visitar tan histórico y maravilloso recinto. Después tomamos café y visitamos, paseando por la Via dei Fori Imperiali y el Foro de Trajano, varias iglesias: Santi Cosma e Damiano, Santa Francesca Romana, Santa Maria de Loreto… Finalmente, decidimos tomar café y fue la gran clavada. Por muy listo y avezado que uno sea, siempre hay alguna ocasión en que uno paga pato por ser turista y se la dan a uno con queso. Entramos a tomar café en la Via del Plebiscito, y nos cobraron 21€ por un café y un pastelito. ¿Está bien cobrado, no? María Luisa, que era la administradora del peculio común, tuvo una gran idea: emplear los últimos haberes en una cena subvencionada formal como despedida del viaje. Fuimos al restaurante del primer día y, al llegar a un acuerdo, apalabramos la cena para el día siguiente.Al día siguiente, Jueves 10 de marzo, me arrepentí de haber dejado libre la tarde del miércoles; si repito la experiencia, la tarde libre la reservaré para el último día. Y explico por qué. Como ese día estaban descansados, el festival nocturno por habitaciones se prolongó más de lo acostumbrado y debido. Cuando al día siguiente toqué diana, estaban muertos. Hasta tuve que arrancar, inmisericorde y hitlerianamente, a dos alumnos de los brazos de Morfeo y arrancarlos de la cama.Cuando conseguí que todos estuvieran listos, antes de ir a San Pietro, visitamos unos flecos que nos habían quedado por el Campo de Marte. Cogimos el autobús hasta la Chiesa di Sant’Andrea della Valle, 7,30-12,30 y16,30-19,30 h., Piazza Vidoni, 6, con su fantástica cúpula. Tiramos a la derecha por el Corso Rinascimento, y giramos a la derecha por la Via Salvatore Giustiniani, para salir a la Chiesa di San Luigi dei Francesi, 10,00-12,30 y16,00-19,00 h., Piazza di San Luigi dei Francesi, 5, con sus fantásticos caravaggios de la Capella Contarelli con la vida de San Mateo. Como aún estaba cerrada, tomamos por Via della Scrofa, cogimos a la izquierda por Via diSant’Agostino para ver la Chiesa di Sant’Agostino in Campo Marzio,7,30-12,30 y 16,00-18,30 h., Piazza diSant’Agostino, 80, con su Caravaggio, el profeta de Rafael y la devota Madonna del Parto del Sansovino. Retrocedimos a San Luis, la vimos, cruzamos Piazza Navona y nos encaminamos a la fastuosa Chiesa Nuova.Vista ésta, con su derroche decorativo y sus Rubens, cogimos de nuevo el autobús hasta el Vaticano, para visitar en dos grupos (11,15 h. y 12 h.) la Necrópolis Vaticana en San Pedro, verdadero viaje en el tiempo. Un gran sofocón tuvimos cuando nos dijo la Guardia Suiza que no podíamos entrar con ningún bulto y la cola de los escáneres era monumental; menos mal que María Luisa tuvo la brillante idea de que el segundo grupo se quedara con todos los bultos para dejarlos en consigna y se fuera ya para entrar en la visita el primero conmigo. Afortunadamente llegamos a tiempo, si no a mí me daba algo.De allí, subimos a las grutas vaticanas, visitando especialmente la tumba del Beato Juan Pablo II y a la Basilica Papale di San Pietro, donde hubo tiempo libre para su visita. Yo aproveché para orar en la Capilla del Sagrario por mi familia, amigos y todos los que se habían encomendado a mis oraciones, entre ellos mis contertulios del Foro Ceremonia y Rúbrica de la Iglesia Española (liturgia.mforos.com).Comimos en Via del Mascherino, cogimos el autobús y visitamos el Carcere Mamertino, 9,00-17,00 h., Clivo Argentario, 1, la cárcel más antigua de Europa con ilustres huéspedes, entre los que se encontró San Pedro, con su recorrido multimedia en dos grupos.
Aprovechamos para decir que no todo fue seriedad y solemnidad; también hubo tiempo para el esparcimiento: entre col y col, lechuga. Por ejemplo, como para la visita a San Pietro in Carcere hubo que esperar fue en dos grupos, nada de aburrimiento: comer, reír y jugar también formaron parte del viaje.

De allí fuimos a la espectacular Chiesa de Sant'Ignazio, con su cúpula fingida, y al Pantheon, que es una maravilla que se conserve en pie, prácticamente inalterado, desde su construcción en el siglo II con su espectacular cúpula, donde acabó el itinerario oficial.
Volvimos al hotel para ducharnos y ponernos de tiros largos para la cena en el citado Restaurante Miscellanea. Los alumnos tuvieron un detalle entrañable con nosotros los profesores: a María Luisa le regalaron un bolso y a mí una pluma de ave de plata por mi
afición de escritor. Después pasamos a despedirnos, dando un paseo, de la Ciudad Eterna: Piazza Navona, Fontana de Trevi, Piazza Spagna, Piazza Barberini, Quattro Fontane… con las fotos correspondientes, y al hotel para hacer las maletas y prepararlo todo.
El tiempo, excepto los lluviosos viernes y sábado, bastante bien, aunque frío por
la tarde-noche. Ni que decir tiene, que terminados los recorridos oficiales, con mi compañera, ampliábamos el periplo. Que no conociera, he visitado el Palazzo del Quirinale, la Casa de Auhgusto en el Palatino, el Monasterio de Tor de Specchi, el Oratorio del Caravita, la Chiesa dell'Annunziata, San Girolamo degli Schiavoni, Santa Maria della Pietà degli Bergamaschi, y la desacralizada de Santa Marta.El viernes 11 de marzo –todo lo bueno se acaba- tomamos el desayuno a las claras del alba, a las siete menos cuarto, y nos trasladamos al aeropuerto para coger el vuelo a Sevilla a las diez y cuarto y, gracias a Dios, llegamos sin ningún percance a la hora prevista. En el aeropuerto, de nuevo, según lo esperado, abrazos y besos, y agradecimiento de los padres hacia nosotros. Despedidas y a casa. El sembrador ha sembrado, esperemos que la semilla fructifique. Es una satisfacción para nosotros que guardan del viaje un grato recuerdo y que quieren repetir el viaje a Italia el curso que viene. Más no se puede pedir.

miércoles, 27 de abril de 2011

Recintos religiosos cupulados en Roma. Introducción (I).

Definición de cúpula
El Diccionario de la Real Academia Española define el término cúpula: (Del it. cupola). 1. f. Arq. Bóveda en forma de una media esfera u otra aproximada, con que suele cubrirse todo un edificio o parte de él”. Más técnicamente, podemos decir que es un elemento arquitectónico que se utiliza para cubrir un espacio de planta circular, cuadrada, poligonal o elíptica, mediante arcos de perfil semicircular, parabólico u ovoide, rotados respecto de un punto central de simetría. Puede estar sostenida por pilares o por la misma estructura muraria, a la que viene enlazada por lo común por medio de pechinas (cuatro triángulos cóncavos angulares).



El significado simbólico de la cúpula es el de la bóveda celeste, y en ésta se inspiran muchas de las decoraciones internas, sobre todo las magistrales realizaciones de los grandes artistas del XVII, que con sus obras se aprestaron a captar y a seducir emotivamente al espectador. En Roma, después de los frescos de Lanfranco en Sant’Andrea della Valle y de Pietro da Cortona en la Chiesa Nuova, los grandes efectos del ilusionismo espacial alcanzaron niveles altísimos con el Baciccia en el Gesù y con Andrea Pozzo, que llegó a crear una cúpula fingida pintada en perspectiva sobre lienzo en la Chiesa di Sant’Ignazio.



Los orígenes de la cúpula. Roma
La forma, probablemente, deriva de cabañas construidas con árboles jóvenes, curvados y unidos en el centro, cubiertos posteriormente con paja. Sabemos que las estructuras arquitectónicas de cubierta similares a la cúpula eran conocidas al final del VI milenio a. C.; las encontramos, por ejemplo, en las casas neolíticas de Chirokitia, en Chipre (2ª fig.). Empiezan a divulgarse a partir del III milenio, sobre todo



en el área mesopotámica y mediterránea; ejemplos típicos son las tumbas a tholos de la necrópolis real de Ur, los encontrados en Ática, en las Cícladas y en Creta, así como las tumbas micénicas, como el tesoro de Atreo y la tumba de Clitemnestra.



Estructuras de este tipo podemos encontrar también en Italia. Además de las tumbas llamadas sesi de Pantelleria, Sicilia, y de los megalíticos nuraghi sardos, de planta circular, muy parecidos a los micénicos, pueden traerse a colación las pseudocúpulas etruscas de Cerveteri (3ª fig.), de Casal Marittimo y de Sesto Fiorentino.



Cúpulas verdaderas y propias, como las entendemos estructuralmente, nacen y tienen su máximo desarrollo en la arquitectura romana, gracias a la utilización del hormigón, material fundamental para la realización de las bóvedas de cúpula.



Las más antiguas de Roma son de pequeñas dimensiones, como, por ejemplo, la del frigidarium de las Termas de Pompeyo.



Las encontramos sobre construcciones de planta cuadrangular en las aulas termales, sobre planta circular en el mausoleo de Cecilia Metella, en la Appia Antica, y sobre base poligonal en el pabellón octógono de la Domus Aurea neroniana, con óculo central (4ª y 5ª fig.). Con el tiempo, los arquitectos romanos se especializaron cada vez en construcciones más atrevidas: baste con recordar la grandiosa cúpula del Pantheon o Templo de Todos los Dioses, bautizado como Sancta Maria ad Martyres, vulgo Santa Maria della Rotonda, el monumento más perfecto y mejor conservado de la Antigüedad romana, del que nos ocuparemos en la siguiente entrada.

sábado, 19 de febrero de 2011

PARROCCHIA DEL SACRO CUORE DEL SUFFRAGIO IN PRATI. Un paseo romano por el purgatorio


Volvemos de nuevo al Rione Prati, en concreto, al Lungotevere Prati, 12, 00193 Roma, para acercarnos a la Chiesa del Sacro Cuore del Suffragio (teléfono 06.6865261). Reflejándose sobre las aguas del Tíber, cerca del Vaticano, al lado del Palacio de Justicia, llama la atención de los visitantes por su estilo ajeno a la estética romana. Fue levantada en estilo neogótico, del que es el más famoso ejemplo de la Ciudad Eterna, entre el 1912 y el 1917 –el veintiocho de octubre de dicho año fue su apertura oficial-, por el ingeniero Giuseppe Gualandi, nacido en Bolonia en 1870, que dirigió la obra hasta en sus más mínimos pormenores, empequeñecida por la mole vecina del Palazzo di Giustizia, hasta el punto de parecer una catedral francesa o alemana a escala. La elección del estilo arquitectónico se debe por un lado a las preferencias del fundador y por otro al afán por aprovechar al máximo el espacio.

Esta iglesia fue concebida por el sacerdote francés de Marsella Viktor Jouet, Misionero del Sagrado Corazón, que había fundado la Pia Associazione dei suffragi per le anime del Purgatorio en 1890, conocida como Pia Opera del Suffragio, y que no pudo ver su terminación, por morir en 1912. Ésta fue reconocida canónicamente por San Pío X Sarto el veinte de enero de 1913, por la letra apostólica Cum nobis y elevada a archicofradía. Fiel a su fin fundacional, no se celebran misas por fallecidos individuales, sino que reza por el alma de todos.

Fue erigida en cabeza de parroquia con el mismo título por Benedicto XV della Chiesa el diez de diciembre de 1917 por la letra apostólica Apostolicis litteris, y confiada a los sacerdotes de la provincia italiana de los Misioneros del Sagrado Corazón, que a la sazón la rigen. Su collación fue detraída de la de la Parrocchia di S. Maria in Traspontina. El reconocimiento a efectos civiles fue decretado el treinta de noviembre de 1920. El inmueble es propiedad de la Santa Sede.

Pese a de su blancor aparentemente marmóreo, está construida íntegramente en cemento armado. Sí, no está construida ni con travertino combinado con ladrillo, ni con piedras calcáreas, como las grandes catedrales transalpinas, sino en el muy económico cemento. Es quizá la única innovación del edificio. Esto ha provocado la necesidad de numerosas intervenciones de restauración para reparar los daños de agentes degradantes.

Ni las bandas horizontales verde claro ni las columnillas rojas de las portadas avivan mucho la fachada de color ceniciento, aunque la homogeneidad de dicho color contribuye a proporcionar gran armonía al conjunto. Manifiesta un acentuado verticalismo (20 m. de altura, por 39 de longitud y 20 de anchura). La fachada se caracteriza por la presencia de muchos pináculos que recuerdan la catedral milanesa, por lo que nuestra iglesia recibe el sobrenombre de Pequeño Duomo de Milán.

Es ejemplo purista nórdico, sin aportaciones de elementos del gusto itálico. Está dominada por una gran portada ojival central, coronada por un rico rosetón, flanqueada por dos laterales más pequeñas. Se manifiesta en ellas un triunfo de los elementos decorativos, hornacinas y ménsulas con estatuas, y pináculos que desafían al cielo, intercalados entre decorados arcos apuntados.

Los tres ingresos están dotados de tímpanos en relieve sostenidos por columnillas de mármol rojo, que se someten a la misma lógica de una elección que prevé la repetición servil de elementos arquitectónicos del pasado, acorde con la moda imperante entonces del revivalismo.

El interior está distribuido en tres naves separadas por altísimos arcos ojivales, que concierta en todo con la fachada exterior. Descansan sobre pilares fasciculados y sustentan las bóvedas de crucería. Un sabio uso de la luz, consecuente con los ejemplos del siglo XIV, proporciona un ambiente con una iluminación uniforme, que crea una atmósfera que invita al recogimiento.

Los ventanales de la fachada y del ábside, que se unen a los de sus muros, recubiertos de vidrieras polícromas, crean sugestivos efectos de luz y sombra que matizan los excesos decorativos polícromos del mármol y del alabastro de las columnillas y balaustres, focalizando la visión en el gran tríptico absidal. Es obra de los pintores Giuseppe y Alessandro Catani en tablas doradas. Se representa Il Sacro Cuore e le anime sante, plasmación de la doctrina católica del purgatorio, como lo definió Benedicto XV della Chiesa. Por el interior se distribuyen pinturas, trípticos y altares acordes con la abundancia decorativa general.

Pero hagamos un poco de historia, que es muy sugerente, por cierto. Hay que remontarse al último tercio del siglo XIX, cuando una de las familias que vivían cerca del río, levantó un pequeño altar en un huerto, en conmemoración a los numerosos restos humanos que se encontraban enterrados en esta ribera. El altar estaba rematado por un cuadro de la Madonna del Rosario, y, se supone, que a causa de las llamas de los cirios que lo iluminaban se desató un incendio en el que ardió el lienzo y el muro donde estaba apoyado.

Y sobre ese muro quemado apareció un rostro de hombre doliente, de expresión triste y melancólica, por lo que la familia llamó rápidamente a un sacerdote, el padre Vittore Joüet, misionero francés del Sagrado Corazón, que decidió construir sobre el lugar una iglesia de estilo neoclásico en 1893. Este hecho, por tanto, está en el origen de la iglesia y de su nombre.

El sorprendente hallazgo de la cara del hombre que fue considerada un alma del purgatorio de los allí enterrados, incitó al padre Jouet, un enamorado de las almas del purgatorio, que creyó profundamente en la autenticidad de la aparición, a buscar más testimonios de señales que enviaban las ánimas del más allá a los vivos, generalmente, amigos y familiares del finado para ayudarles a salir del purgatorio y entrar en el reino de los cielos. El hecho creó fuertes discusiones, y tuvo que intervenir la autoridad eclesiástica, que ni aprobó ni condenó la aparición. El trozo de pared quemada con la presunta imagen del alma del purgatorio con rostro humano forma parte hoy del museo.

Desde aquel momento, el Padre Jouet no se concedió reposo, y empezó a recorrer media Europa –Italia, Francia, Alemania, Bégica- para recoger testimonios, en conventos y casas particulares, de la presencia visible de las almas del purgatorio. El religioso misionero de Marsella, creó, además, primero, una pequeña capilla dedicada a las almas purgantes, esperando poder más tarde levantar un verdadero santuario que habría de ser el templo actual.

Logró reunir un gran número de testimonios –documentos y pruebas- referentes a manifestaciones de ánimas del purgatorio: tablillas, tejidos, breviarios, biblias, fotos… sobre las cuales aparecen improntas que se atribuyen a los difuntos en estado purgante. Con todo ese material, único en el mundo, organizó lo que él había bautizado como Museo Cristiano d’Oltretumba en 1900, establecido primero en una casita del Lungotevere Prati. También fundó la revista Le Purgatoire.

Llenó después una habitación grande del actual convento anejo a la parroquia. Era él quien, tras haber construido la actual iglesia gótica, siguiendo su gusto francés, enseñaba a los miles de peregrinos su museo. Con tanto celo, que murió mientras explicaba a un grupo de turistas aquellos trozos de purgatorio.

A la muerte de Jouet en 1912, el Obispo Gilla Gremigni y el P. Ricasoli solicitaron a San Pío X que les permitiera destruir algunos casos dudosos de la colección, con lo que se hizo un primer expurgo en ella.

En 1920, el Padre Benedetti, tercer sucesor del fundador en la dirección de la obra, eliminó muchas de las piezas expuestas que no contaban con la suficiente documentación probativa, reduciéndolas a las que podemos examinar en la actualidad. Hoy estos elementos se conservan en un pequeño museo junto a la sacristía. Es ciertamente único en su género y para visitarlo basta con dirigirse a la sacristía en horario en que la iglesia está abierta (aproximadamente de 10 a 12,30 de la mañana y de 17 a 19 horas de la tarde).

No nos podemos resistir a comentar algunos de los testimonios recogidos, a caballo entre la Divina Comedia del Dante y las Narraciones Extraordinarias de Poe. El documento más antiguo son las marcas dejadas por la hermana Chiara Schoelers, fallecida durante la peste, el trece de octubre de 1637. La religiosa dejó sus huellas candentes sobre el grembiule (delantal) y una correa de granja de la hermana Margarida Herendorps (o Rerendorts), religiosa del monasterio benedictino de Vinnemberg (Wesfalia).

Treinta y tres años después, en 1670, el primer párroco de Hall, el padre Cristóbal Wallbach, muerto 63 años antes, dejó la huella de un dedo de fuego que perforó un libro de oraciones con pasta de madera, cubierta con piel de jabalí, hasta la página 81. De esa manera suplicaba se hicieran oraciones a su nombre para salir del purgatorio.

El uno de noviembre de 1731 la Venerable Madre Abadesa de las clarisas de San Francisco, de Todi Isabella Fornari recibió la visita de un alma en pena; era el padre Panzini, Abad olivetano de Mantua, con la misma petición. En este caso, dejó dos improntas de fuego sobre la túnica y sobre la camisa. Otras improntas fueron impresas por el religioso cuando pasó a mejor vida sobre un fajo de cartas y sobre una tablilla, en la que trabajaba la monja, sobre la que se observa la silueta de una cruz.

La manga de una camisa de un hombre de vida disipada se expone también en el museo de ultratumba, con la impresión de unos dedos. En este caso era la madre de Giusseppe Leleux, de Wodecq-But, Bélgica, la que se le apareció el veintiuno de enero de 1789, el año de la Revolución Francesa, papa recordarle desde el purgatorio la obligación de ofrecer misas por ella y le reprendía por su vida de crápula, rogándole que cambiase de hábitos y que se dedicara a la Iglesia. Plasmó su mano sobre su camisa y Giusseppe se regeneró y fundó una Congregación. Murió en loor de santidad el diecinueve de abril de 1825.

En 1814, Margherità Demmerlè d'Erlingen, de Metz, recibió la visita de su suegra, muerta hacía treinta años, vestida con el traje típico de su país, que, bajando por la escalera del granero, le pidió que cumpliera una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Marienthal y que encargara dos misas allí por ella. Tras haber satisfecho la súplica del espíritu, ella recibió la aparición de la suegra para agradecerle, y le dejó como recuerdo una huella de fuego sobre el vestido y posó la mano sobre el libro Imitación de Cristo, donde se aprecia la impresión quemada.

El veintiuno de diciembre de 1838, en Sarralbe, Lorena, mientras José Stitz estaba rezando con su devocionario en alemán, una mano se estampó sobre sus páginas. El protagonista del suceso declaró que sintió una presencia en la habitación, un soplo de aire helado y una voz: era la voz de su hermano Jorge, recientemente fallecido, al que había pertenecido el libro, que rogaba que le sufragara una misa para abreviar su estancia en el purgatorio.

Pasemos a otro. En la noche del cinco al seis de junio de 1864, Sor Margherita del Sacro Cuore tuvo una aparición. La religiosa estaba acostada en su cama cuando apareció una sombra que fue cobrando nitidez: era Sor Maria di San Luigi Gonzaga, hacía poco fallecida. Vestida con su hábito de clarisa, parecía desesperada. Explicó a nuestra protagonista que cuando estaba viva, había pecado gravemente, pues había deseado su muerte para sustraerse a los dolores de la enfermedad que la atormentaba; por esto, tenía que pasar veinte años en el purgatorio, y pedía sufragios para adelantar su paso al paraíso. Para convencer a Sor Margherita, el espíritu dejó una impronta de fuego sobre la funda de la almohada.

El libro de oraciones de Maria Zaganti, de Poggio Berni, Rímini, también muestra la huella de tres dedos flamígeros. El suceso ocurrió el cinco de marzo de 1871. Las huellas las dejó el espíritu de Palmira Rastelli, hermana del párroco de San Andrés, de Padua, Sante Rastelli, fallecida dos meses y medio antes, el dieciocho de diciembre. Había venido a pedir una misa y oraciones.

Se registra, así mismo, la aparición en 1875 de Luisa Senechal a su marido Luigi Senechal en la casa de ambos, en Ducey, Francia, para pedirle oraciones y dejándole como señal la huella de los cinco dedos sobre su gorro de noche.

También encontramos el capote militar, fuertemente afectado por el fuego, de un centinela italiano, que durante una guardia nocturna en 1932 en el Panteón, ante el cenotafio del Rey Umberto I -asesinado en 1900-, cuyo espectro posó una mano de fuego sobre la espalda del soldado después de haberle confiado un mensaje para el Rey Vittorio Emanuele III.

Hay también un billete de diez liras que, al parecer, trajo del purgatorio un sacerdote difunto del monasterio de San Leonardo, en Montefalco, para que se dijeran misas por su alma. De estos billetes llegados de ultratumba, el sacerdote llegó a dejar hasta treinta.

Se trató de cerrar el museo en tiempos de Pío X, pero este pontífice se opuso a esta medida. Éstas son algunos de los muchos testimonios de este tipo albergados en el interior del museo. Si admitimos que tales signos no son efecto de la casualidad o de un engaño deliberado, es evidente que no pueden más que estar producidos por el fuego espiritual purificador que atormenta a las ánimas del purgatorio; no se pueden explicar sino como un signo de su periodo de purificación en el estado intermedio del purgatorio. El museo, que viene incluso en algunas guías de la Ciudad Eterna, es frecuentado por gentes de Latinoamérica, Australia y Nueva Zelanda, porque allí emigraron romanos que contaron a sus descendientes la existencia del museo y sobre todo, la de la Congregación de Rezos para el Sufragio de las Almas del Purgatorio, muy concurrida en la Iglesia del Sacro Cuore hasta hace pocos años.

En contra de lo que se pudiera pensar, esta parroquia no sólo no ha sido nunca un centro de nostalgia medievalizante, crecido a la sombra del museo de ultratumba, sino que, al contrario, fue, en los tiempos difíciles del modernismo, un punto de referencia progresista, con figuras como Bonacorsi, Ceresi, Gillagremigni…, internacionalmente conocidas por su espíritu batallador y por la importante contribución bíblica y teológica que hicieron a la Iglesia. En aquella parroquia, cuyos religiosos estaban en contacto personal con el modernista Bonaiuti e intelectualmente con Loisy y Harnak, nació el primer catecismo, con gran escándalo de muchos párrocos romanos. Y allí nacieron las famosas melodías populares, que después se extendieron por todo el país.

Bibliografía

Massimo Alemanno, Le chiese di Roma moderna, vol. 1, Armando Editore, Roma 2006, pp. 36-39.

Paola Staccioli, Museo del purgatorio in I musei nascosti di Roma, Roma, Newton Compton Editori, Roma 1996, pp. 52-53.