martes, 13 de marzo de 2012

Viacrucis cuaresmal al Palatino

La práctica devocional del viacrucis fue particularmente promovido por los frailes Menores, debido a su condición de custodios de Tierra Santa. En el Capítulo General de Roma de 1688 de los Observantes se insta a los superiores de la Orden a que promuevan este ejercicio de la Vía Sacra. 
El Papa Inocencio XII Pignatelli confirmó este privilegio franciscano y lo extendió a todos los fieles cristianos en 1694, lo que declaró la Sagrada Congregación del Concilio el doce de noviembre del año siguiente 1695, y su sucesor el Papa dominico Benedicto XIII Orsini, muy piadoso, señaló clarísimamente su extensión a todos los devotos en 1726.
Uno de los máximos promotores franciscanos del viacrucis ha sido San Leonardo de Porto Mauricio (Imperia 1676-Roma 1751, beatificado en 1796 y canonizado en 1867). 
Genovés de la Provincia Reformada Romana desde 1697, Misionero Apostólico, émulo del dominico San Vicente Ferrer, protector de sus misiones, que comenzó en 1708, terminaba éstas con la solemne erección del viacrucis, “gran batería contra el infierno”, de los que promovió quinientos setenta y seis en toda Italia. Del viacrucis decía: “que introduciré sin perdonar fatiga y aun lo impondré frecuentemente por penitencia”, uno de sus sesenta y seis propósitos, cuy última ratificación y copia es de 1745, en su intento de reavivar la piedad católica enfriada por el jansenismo y el racionalismo.

De España le venía su fervor por este apostolado, como él declara: “Habiendo sabido, por religiosos españoles que me informaron, que en España se erigían los Vía crucis con gran provecho para las almas, se me  encendió el espíritu de un ardiente deseo de procurar un tan gran bien para Italia”.

A su iniciativa, el Papa Benedicto XIV Lambertini, que lo llamaba gran cazador del Paraíso, tras declarar el Coliseo lugar sagrado por la sangre de los mártires, hizo levantar en torno a la arena catorce edícolas con las estaciones del viacrucis rematadas por cruces de leño basto, para sustituir a las que había ruinosas, bendecidas el veintisiete de diciembre de 1750, Año Santo, que fueron eliminadas por excavaciones arqueológicas el veintidós de enero de 1874.
Sí permanece el erigido también por él en la Via di San Bonaventura, que empieza pasando la entrada a la Iglesia de San Sebastiano al Palatino.
En el muro de la antigua Villa Mattei se abren unas hornacinas que albergan grupos de terracota con las estaciones modelados por G. Franchi y policromados por el P. Corrado da Rimini.

Protegidos por una reja, que vinieron a sustituir unas pinturas deterioradas de Bicchierai.
El itinerario acaba en la fachada de la Iglesia de San Buenaventura al Palatino, de los franciscanos alcantarinos, convento que había sido fundado en 1625 y en el que habitó y predicó nuestro santo.

Todos los viernes de Cuaresma, a las nueve y media de la noche, la Opera Familia Christi organiza un viacrucis público siguiendo estas antiguas estaciones erigidas por San Leonardo de Porto Mauricio en el Palatino.

Nueve de marzo de 2012
Se hacen las meditaciones, acompañadas con el canto de varios grupos de jóvenes. El Asistente Eclesiástico de la Opera, Ricardo Petroni, preside el devoto acto.
Como ya hemos comentado, se accede por la zona del Coliseo: desde la Via di San Gregorio, atravesando un breve trayecto de la Via Sacra, que parte del Arco de Constantino, delante del Coliseo, en el corazón de la Roma pagana.


A la izquierda, se inicia la subida por la Via di San Bonaventura hasta la cima del Palatino.
Junto al convento de San Buenaventura, en la cima del Palatino, acaba el acto.


Se ora con las estaciones del Siervo de Dios Monseñor Giuseppe Canovai, que, nacido en Roma en 1904, ingresó en el Collegio Capranica en 1928 y terminó sus estudios en la Pontificia Università Gregoriana.
Ordenado sacerdote en 1931, ejerció como diplomático de la Santa Sede, Murió en olor de santidad el once de noviembre de 1942.
En 1937 fundó, con la señorita Tommasina Alfieri, la nombrada Opera Regina Crucis, hoy llamada Familia Christi, para promover la formación cristiana y la santificación de los laicos. 
Reconocida Asociación Privada de Fieles de la Diócesis de Roma, está formada por laicos, consagrados y sacerdotes, que se comprometen en su propia santificación y en el anuncio del Evangelio, así como en la renovación del pensamiento y de la cultura, de acuerdo con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. La Virgen María con el título de Regina Crucis es la Patrona.

lunes, 5 de marzo de 2012

San Lorenzo in Fonte

Encontrar esta pequeña iglesia neoclásica, estrechamente ligada a la andadura terrena del popular santo de la parrilla, según el título que se lee en el frontón de la fachada, de los Santos Lorenzo e Hipólito mártires, es un poco difícil. 
Hay que andar bien atentos para no pasársela, pues su sobria fachada está engullida por los edificios que la flanquean de la Via Urbana, 50 (00184 Roma). 

Su origen nos es desconocido. A veces se confunde con otra, destruida, la Memoria Sancti Hippoliti, mencionada ya en el siglo IV en una inscripción del presbítero Ilicius, cuyo título fue unido a ésta.
Este templo, en el corazón del barrio popular por excelencia de la Roma imperial: la Suburra, hoy en el Rione Monti, es mencionado por primera vez en un documento conservado en el Archivio di Santa Maria Maggiore, datado el veintiocho de mayo de 1348. En los siglos XIII y XIV fue habitada por monjas benedictinas, que permanecieron allí hasta 1518, en que fueron trasladadas a Sant’Agnese fuori le Mura.
Más de mil trescientos años después del martirio del santo diácono, sobre las estructuras de una pequeña iglesia precedente altomedieval (siglos VIII-IX d. C.), a su vez construida sobre unos angostos habitáculos de un edificio del siglo III d. C., estimados la cárcel del santo, cuyos restos son todavía hoy visibles en los subterráneos de la iglesia, por lo que recibe también el apelativo in Carcere, el edificio fue reconstruido a partir de 1543, en el pontificado del Papa Paulo III Farnese, a expensas del Cardenal español Juan Álvarez de Toledo.
Fue reestructurado después de 1628 a cargo del arquitecto Domenico Castelli, por comisión del Papa Urbano VIII Barberini, que la encomendó a una cofradía de cortesanos papales, los Nobili Aulici.
En el siglo XVIII fue agrandada, y desde 1918 la iglesia pertenece a los Oblatos de San José.
La fachada, renovada en el siglo XIX y de nuevo reconstruida en los años treinta del pasado siglo, en la que se conserva la portada del siglo XVI; sobre ella, una inscripción dedicatoria a los Santos Lorenzo e Hipólito: S. LAURENTIO ET IPPOLYTO MARTIRIBUS. El escaso atractivo de su fachada de una sola planta, queda eclipsado, como hemos dicho, además, por los edificios vecinos.
Es de estuco, imitando piedra blanca, y tiene cuatro  pilastras dóricas de orden gigante que sostienen un poco acusado entablamento y frontón triangular. Hay una sencilla  inscripción dedicatoria en el friso ya expuesta. La portada es del siglo XVI. Encima de la puerta hay un par de ventanas rectangulares verticales a cada lado de un arco sostenido por dos pilastras dóricas pequeñas.
El interior se articula en una sola nave, bastante pequeña, con cubierta abovedada, y una capilla en cada cara retranqueada bajo un arco. La bóveda es de cañón que apea sobre cuatro pilastras dóricas revestidas de mármol rosa. Tiene un tondo en el que se representan los dos santos con las palmas el martirio.
El suelo de mármol va formando parrillas, que hacen referencia al martirio de San Lorenzo.
Sobre el altar mayor, polícromo, del siglo XVII, está colocada una valiosa pintura que representa el Bautismo de San Hipólito, de Andrea Camassei (1602-1649). 
Asignados al pintor Giovan Battista Speranza son los dos lienzos laterales, con el Martirio de San Lorenzo (a la derecha) y San Lorenzo distribuyendo el pan a los pobres (a la izquierda). Hay también otras dos imágenes flanqueando el altar mayor: a la derecha el Corazón de Jesús y a la izquierda, San José.
La capilla a mano izquierda tiene un retablo con un lienzo del Martirio de los Santos Juan y Pablo, de un artista anónimo del siglo XVII.  
La de mano derecha está dedicada a Nuestra Señora de los Dolores.
Hay también otro altar cerca a la derecha de la Inmaculada Concepción, bajo la advocación de Lourdes.
Hay una imagen del santo a la izquierda de la nave, de aspecto joven, revestido de dalmática roja, ornamento de su orden sagrada, a la entrada de los subterráneos.
La iglesia conserva la tumba del famoso arquitecto ticinese Carlo Fontana, discípulo preferido y asistente de Bernini.
En la sacristía se exhibe un busto del Papa Urbano VIII, atribuido a Bernini o a su escuela.
Como ya hemos comentado, fue construida sobre unos baños privados, donde según la tradición, el diácono Lorenzo fue apresado y bautizado su guardián. El acceso a los hipogeos se encuentra hoy en día por una pequeña puerta en el muro izquierdo de la iglesia, sobre la que está escrita el rótulo: Aditum ad carcerem et fontem S. Laurent[ii]. 
Después de haber requerido permiso si se encuentra cerrada, bajando unos escalones, se llega a una serie de habitáculos romanos subterráneos, considerados de la casa de Hipólito.
Aquí se inicia la parte más sugestiva de la visita. Hay que hacer notar que la escalera original está tapiada. La visita se prolonga por una largo y estrecho corredor hasta la prisión del santo. 
En el arco que divide el corredor de ingreso está encastrado un bello bajorrelieve, en forma de luneta, que representa una imagen del Cristo de la Piedad, el Redentor mientras sale del sarcófago, una obra de finales del siglo XVI.
Pocos metros después se lleva a la angosta estancia donde fue recluido el santo, la cisterna, de planta circular, realizada en opus reticulatum, datable entre el I y el II siglo d. C., donde a nivel del suelo se abre la citada fuente de las crónicas antiguas, que ha dado nombre a la iglesia, in Fonte: un simple pocito decorado con un notable bajorrelieve de la primera mitad del siglo XVII que recuerda el milagro del agua que permitió el bautizo de Hipólito. Todavía hoy el agua limpia se considera milagrosa.
De donde procede el agua es todavía hoy un misterio. Probablemente se trata de algún antiguo rivus que, descendiendo por la pendiente del Quirinal, atraviesa la antigua cárcel para después conducirse por el alcantarillado a la limítrofe Cloaca Máxima.
A los lados dos columnillas de mármol con capiteles de volutas sustentan un arquitrabe sobre el cual descansa un bajorrelieve de la primera mitad del siglo XVII que representa a San Lorenzo bautizando a Hipólito.
Desde este recinto se abre, en cuesta arriba, una escalera de caracol que conducía a otros habitáculos de la presunta casa de Hipólito. En 1955, en el marco de los trabajos del metro en su tramo Cavour-Termini, la escalera fue tapiada y el lugar sufrió profundas modificaciones. Parte de la estructuras son potencialmente visitables desde la galería del vecino metro. El pocito, del que se ha hablado, está ubicado a 5,5 m. bajo el nivel del pavimento de la iglesia y a cerca de 18 m. al este del ábside.  Se puede pensar que el agua del pocito provenga de alguna cisterna todavía existente de las Termas de Olimpia. El índice de humedad en el ambiente es normalmente altísimo.
El coqueto y pequeño campanario barroco fue levantado en 1734, a iniciativa del Papa Clemente XII Corsini. Tiene forma de arco de triunfo. 
También la veleta exhibe la parrilla.