Cada veinticinco de abril se celebra en toda Italia la
memoria del aniversario de la liberación alemana. Roma, como capital, es teatro
de algunos eventos conmemorativos que jalonan todo el día.
Sobre las nueve,
abre la jornada una celebración en el Altar de la Patria, con la presencia del
Presidente de la República, a la sazón Giorgio Napolitano, del Sindaco de Roma,
que lo es Gianni Alemanno, y de las más altas autoridades del Estado y de las
principales instituciones del país.
Es ofrendada una corona de flores a los
caídos de la patria.
En el resto de los actos, los principales, los preside el
Síndaco. Incluye una visita al Museo Histórico de la Liberación, en Via Tasso 145, en la casa que fue lugar de reclusión y tortura de la S.S., junto al
Presidente del Consejo, Mario Monti.
También se efectúa una ofrenda de una corona de laurel por el
dicho Presidente a los Mártires de las Fosas Ardeatinas.
El Síndaco ofrenda una
corona de flores en el Cementerio del Verano, en el Muro del Deportado, el monumento que recuerda los ciudadanos
romanos exterminados en los campos de exterminio entre el 1943 y 1945.
Otros actos
complementarios se desarrollan en el centro. Es un día de recuerdo emocionado de la resistencia
italiana, los partisanos, que englobó a un conjunto de movimientos políticos y
militares de distinto signo (socialistas, comunistas, monárquicos, republicanos,
liberales, anarquistas, católicos) que se opusieron a la ocupación nazi,
reunidos en el Comité de Liberación Nacional (CLN), fundado el nueve de
septiembre de 1943, el día siguiente del armisticio que supuso la ocupación de Italia, así como de los asesinados por la sinrazón del totalitarismo y de la guerra.
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| Uno de sus miembros protagonista, pues colocó la bomba del triste atentado de Via Rasella. |
Uno de los episodios más trágicos de la ocupación nazi fue
la masacre de las Fosas Ardeatinas, acto de represalia ordenada en
persona por Hitler, por un ataque del grupo partisano GAP (Gruppi d’Azione
Patrottica) perpetrado a mediodía del veintitrés de marzo de 1944 en Roma, en
la Via Rasella.
Fue contra la 11ª compañía del tercer batallón del Polizeiregiment
Bozen, conformado en octubre de 1943 con italianos germanohablantes de la
norteña provincia de Bolzano (Bozen en alemán). Muchos eran veteranos
del ejército italiano que habían servido en el frente ruso y optado por
enrolarse en la policía antes que regresar a Rusia con la Werhrmacht.
El ataque fue llevado a cabo por dieciséis partisanos, que emplearon un
artefacto explosivo casero consistente en doce kilogramos de TNT empaquetados en
una caja de acero insertada en una bolsa que contenía otros seis kilogramos de
TNT y tubos de hierro rellenos del mismo explosivo. La bomba fue escondida en
un carrito de basura y colocada por un partisano disfrazado de barrendero,
mientras que los otros actuaban como vigías.
El detonador se encendió cuarenta
segundos antes de que los policías llegasen al lugar donde se hallaba la bomba.
La explosión causó la muerte instantánea de veintiocho policías (tres más
morirían en días posteriores) y dos civiles italianos.
Los partisanos, algunos
de los cuales arrojaron bombas de mano a los soldados o dispararon sobre ellos,
lograron huir indemnes mezclándose entre los transeúntes.
La matanza en represalia (cincuenta italianos por cada alemán muerto, que
las propias autoridades alemanas horrorizadas lograron reducir a diez) fue
organizada y dirigida por Herbert Kappler, comandante de la Gestapo en Roma y responsable de la redada del gueto
judío en 1943 y de las torturas contra los partisanos
detenidos en la cárcel de Via Tasso.
Las trescientas treinta víctimas italianas fueron sacadas de la cárcel romana
de Regina Coeli y de la S.S. de Via Tasso, lugar en el que se encontraban detenidas por ser judíos o miembros de la resistencia italiana. El veinticuatro
de marzo, a media tarde, comenzaron las ejecuciones en las Fosas Ardeatinas,
unas cuevas de los alrededores de la ciudad.
El oficial que llevaba la
contabilidad era el Capitán Erich Priebke, que extremó su celo mandando a la
muerte a trescientos treinta y cinco hombres, cinco más de los que figuraban en
la orden.
Las fosas, antiguas cavas de arena, fueron utilizadas para cometer y
ocultar la masacre, y, después de la guerra, fueron convertidas en un santuario para
recordar los hechos.
Uno de los héroes víctimas de esta trágica historia es Pietro Pappagallo (Terlizzi, Bari 1888–Roma 1944), presbítero desde 1915, destacado
por su empeño en auxiliar a las víctimas del nazismo durante la ocupación
italiana: soldados, partisanos, aliados, judíos...
En 1925 había entrado a
formar parte del Colegio de Beneficiados de la Basílica de Santa María la Mayor
de Roma y asumido el cargo de padre espiritual de las Suore Oblate del Santo Bambino Gesù de via Urbana, donde vivía; fue
también vicario parroquial de la Basílica de San Juan de Letrán y secretario del
Cardenal Ceretti.
El veintinueve de enero de 1944 el sacerdote fue arrestado
por las S.S., después de la delación por parte de la espía alemana Gino Crescentini,
con la intención de eliminar una figura de relieve del frente militar
clandestino y de la resistencia romana. Condenado a muerte, fue ejecutado el
veinticuatro de marzo en las Fosas Ardeatinas.
Inmediatamente después del fin de la guerra, el ayuntamiento romano organizó un concurso para el adecentamiento de las Fosas Ardeatinas y la construcción de un monumento en recuerdo de las víctimas de la matanza en el mismo lugar en que habían caído, las cuevas de pozzolana de la Via Ardeatina. Éste fue el primer concurso de arquitectura de la Italia liberada.
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| Plazuela de acceso a las Fosas |
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| Cancela de entrada |
A los dos grupos se le asignó el encargo de un proyecto común, que integrara la construcción de un sagrario, y la consolidación de las galerías voladas por los nazis después de la matanza.
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| Corredores del interior |
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| Sagrario, mausoleo |
Peregrino en las Fosas Ardeatinas, Benedicto XVI releyó una
de las páginas más oscuras de la historia de la ocupación nazi de Roma a través
de dos historias luminosas que hablan de una libertad posible también bajo el
más feroz régimen. El Papa se dirigió a los familiares de las trescientas
treinta y cinco víctimas de la represalia nazi del veinticuatro de marzo de
1944, urdida para vengar a los treinta y tres soldados alemanes muertos en el
atentado del GAP en Via Rasella, hombres entre los catorce y los setenta y
cinco años, militares y civiles, ricos y pobres, partisanos e inocentes que
pasaban por la calle detenidos, cristianos y judíos.
Benedicto XVI contó
conmovido el último momento de uno, del cual no sabemos el nombre, pero del
cual se encontró, en las Fosas Ardeatinas, su último escrito, antes de la
ejecución: “Dios mío, Padre grande,
nosotros te rogamos para que tú protejas a los judíos de las bárbaras
persecuciones. 1 Pater Noster, 10 Ave María, 1 Gloria Patri”. En aquel
momento así de trágico e inhumano, en el corazón de aquella persona brotaba la
invocación más elevada, comentó el Papa, pues aquel hombre había asumido la
experiencia de Cristo en la cruz, una experiencia que, como dijo el Pontífice,
nos garantiza también hoy la posibilidad de un futuro de libertad y
fraternidad, en Roma, en Italia y en Europa.
Junto al Papa alemán, caminando y rezando junto a las
cuevas de puzolana donde fueron arrojados los cuerpos agonizantes de los
“ajusticiados”, iba también el Gran Rabino de Roma, Ricardo Di Segni. Éste
declaró: “Éste es un lugar de memoria
dolorosa y compartida, porque aquí murieron setenta y seis judíos, pero la
mayoría de las víctimas eran de fe cristiana. El reclamo del Papa es un reclamo
a una casa común en Europa para superar la historia dolorosa y las divisiones”.
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| Monumento a los mártires |



























