Hay que
andar bien atentos para no pasársela, pues su sobria fachada está engullida por
los edificios que la flanquean de la Via Urbana, 50 (00184 Roma).
Su origen nos es desconocido. A veces se confunde con otra, destruida, la Memoria Sancti Hippoliti, mencionada ya en el siglo IV en una inscripción del presbítero Ilicius, cuyo título fue unido a ésta.
Este templo, en el corazón del barrio popular por
excelencia de la Roma imperial: la Suburra, hoy en el Rione Monti, es
mencionado por primera vez en un documento conservado en el Archivio di Santa
Maria Maggiore, datado el veintiocho de mayo de 1348. En los siglos XIII y XIV
fue habitada por monjas benedictinas, que permanecieron allí hasta 1518, en que
fueron trasladadas a Sant’Agnese fuori le Mura.
Más de mil trescientos años después del martirio del
santo diácono, sobre las estructuras de
una pequeña iglesia precedente altomedieval (siglos VIII-IX d. C.), a su
vez construida sobre unos angostos habitáculos de un edificio del siglo III d.
C., estimados la cárcel del santo, cuyos restos son todavía hoy visibles en los
subterráneos de la iglesia, por lo que recibe también el apelativo in Carcere, el edificio fue reconstruido
a partir de 1543, en el pontificado del Papa Paulo III Farnese, a expensas del
Cardenal español Juan Álvarez de Toledo.
Fue reestructurado después de 1628 a cargo del
arquitecto Domenico Castelli, por comisión del Papa Urbano VIII Barberini, que
la encomendó a una cofradía de cortesanos papales, los Nobili Aulici.
En el siglo
XVIII fue agrandada, y desde 1918 la iglesia pertenece a los Oblatos de San
José.
La fachada, renovada en el siglo XIX y de nuevo
reconstruida en los años treinta del pasado siglo, en la que se conserva la
portada del siglo XVI; sobre ella, una inscripción dedicatoria a los Santos
Lorenzo e Hipólito: S. LAURENTIO ET IPPOLYTO MARTIRIBUS. El escaso atractivo de su
fachada de una sola planta, queda eclipsado, como hemos dicho, además, por los edificios vecinos.
Es de estuco, imitando piedra blanca, y tiene cuatro pilastras dóricas de orden gigante que sostienen un poco acusado entablamento y frontón triangular. Hay una sencilla inscripción dedicatoria en el friso ya expuesta. La portada es del siglo XVI. Encima de la puerta hay un par de ventanas rectangulares verticales a cada lado de un arco sostenido por dos pilastras dóricas pequeñas.
El interior
se articula en una sola nave, bastante pequeña, con cubierta abovedada, y una
capilla en cada cara retranqueada bajo un arco. La bóveda es de cañón que apea
sobre cuatro pilastras dóricas revestidas de mármol rosa. Tiene un tondo en el
que se representan los dos santos con las palmas el martirio.
El suelo de
mármol va formando parrillas, que hacen referencia al martirio de San Lorenzo.
Sobre el
altar mayor, polícromo, del siglo XVII, está colocada una valiosa pintura que
representa el Bautismo de San Hipólito,
de Andrea Camassei (1602-1649).
Asignados al pintor Giovan Battista Speranza
son los dos lienzos laterales, con el Martirio de San Lorenzo (a la
derecha) y San Lorenzo distribuyendo el pan a los pobres (a la
izquierda). Hay también otras dos imágenes flanqueando el altar mayor: a la
derecha el Corazón de Jesús y a la izquierda, San José.
La capilla a
mano izquierda tiene un retablo con un lienzo del Martirio de los Santos Juan y Pablo, de un artista anónimo del siglo
XVII.
Hay también otro altar cerca a
la derecha de la Inmaculada Concepción, bajo la advocación de Lourdes.
Hay una
imagen del santo a la izquierda de la nave, de aspecto joven, revestido de
dalmática roja, ornamento de su orden sagrada, a la entrada de los subterráneos.
La iglesia
conserva la tumba del famoso arquitecto ticinese Carlo Fontana, discípulo
preferido y asistente de Bernini.
En la
sacristía se exhibe un busto del Papa Urbano VIII, atribuido a Bernini o a su
escuela.
Como ya
hemos comentado, fue construida sobre unos baños privados, donde según la
tradición, el diácono Lorenzo fue apresado y bautizado su guardián. El acceso a
los hipogeos se encuentra hoy en día por una pequeña puerta en el muro
izquierdo de la iglesia, sobre la que está escrita el rótulo: Aditum ad carcerem et fontem S. Laurent[ii].
Después de haber requerido permiso si se encuentra cerrada, bajando unos
escalones, se llega a una serie de habitáculos romanos subterráneos, considerados de la casa
de Hipólito.
Aquí se
inicia la parte más sugestiva de la visita. Hay que hacer
notar que la escalera original está tapiada. La visita se prolonga por una
largo y estrecho corredor hasta la prisión del santo.
En el arco que divide
el corredor de ingreso está encastrado un bello bajorrelieve, en forma de
luneta, que representa una imagen del Cristo de la Piedad, el Redentor mientras
sale del sarcófago, una obra de finales del siglo XVI.
Pocos metros
después se lleva a la angosta estancia donde fue recluido el santo, la
cisterna, de planta circular, realizada en opus reticulatum, datable entre el I
y el II siglo d. C., donde a nivel del suelo se abre la citada fuente de las
crónicas antiguas, que ha dado nombre a la iglesia, in Fonte: un simple pocito decorado con un notable bajorrelieve de
la primera mitad del siglo XVII que recuerda el milagro del agua que permitió
el bautizo de Hipólito. Todavía hoy el agua limpia se considera milagrosa.
De donde
procede el agua es todavía hoy un misterio. Probablemente se trata de algún
antiguo rivus que, descendiendo por
la pendiente del Quirinal, atraviesa la antigua cárcel para después conducirse
por el alcantarillado a la limítrofe Cloaca Máxima.
A los lados
dos columnillas de mármol con capiteles de volutas sustentan un arquitrabe
sobre el cual descansa un bajorrelieve de la primera mitad del siglo XVII que
representa a San Lorenzo bautizando a Hipólito.
Desde este
recinto se abre, en cuesta arriba, una escalera de caracol que conducía a otros
habitáculos de la presunta casa de Hipólito. En 1955, en el marco de los
trabajos del metro en su tramo Cavour-Termini, la escalera fue tapiada y el
lugar sufrió profundas modificaciones. Parte de la estructuras son
potencialmente visitables desde la galería del vecino metro. El pocito, del que
se ha hablado, está ubicado a 5,5 m. bajo el nivel del pavimento de la iglesia
y a cerca de 18 m. al este del ábside.
Se puede pensar que el agua del pocito provenga de alguna cisterna
todavía existente de las Termas de Olimpia. El índice de humedad en el ambiente
es normalmente altísimo.









