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jueves, 16 de febrero de 2012

La cátedra de San Pedro en Roma



La fiesta de la Cátedra de San Pedro aparece atestiguada ya en la Depositio Martyrum del Cronógrafo del 354, el más antiguo calendario romano, con lo que se le supone una memoria antiquísima de la Iglesia Romana. 
En el Misal Romano de 1962 tenemos dos fiestas de la Cátedra de San Pedro: la Cátedra de Roma (dieciocho de enero) y la de Antioquía (veintidós de febrero). Ambas celebraciones se han fundido en esta última fecha en el calendario del uso ordinario del rito romano.
La cátedra o sede representa el desempeño del episcopado, que tiene, como sabemos, una de sus funciones la de enseñar al Pueblo de Dios así como la de regirlo y santificarlo. En este caso se celebra de una manera especial el primado petrino.
El motivo de celebrarse ese día es que en Roma el año empezaba en marzo. Con febrero, pues, acababa el año. Los últimos días de ese mes, los romanos se consagraban al recuerdo de los difuntos. La fiesta de la Cátedra de San Pedro enlaza, por tanto, con el culto que los cristianos tributaban en el presente día a sus padres en la fe junto a las tumbas de Pedro en el Vaticano y de Pablo en la Via Ostiense. 





Desde la Edad Media se vincula esta fiesta a la veneración de una cátedra, considerada entonces, al menos en parte, reliquia de los tiempos apostólicos, que ha llegado a nuestros días envuelta entre la tradición y la leyenda. Lo cierto es que es de estilo prerrománico, muy semejante a otras del periodo bizantino. Es el trono en el que Carlos el Calvo, nieto de Carlomagno, fue coronado emperador el día de Navidad del año 875, y que regaló al Papa Juan VIII.
La madera original de acacia del primitivo mueble ha sido embutida en otra estructura de roble. Con el tiempo se le fueron añadiendo refuerzos de hierro y unas argollas para facilitar su transporte, porque estuvo en uso durante siglos, como un elemento del mobiliario litúrgico para las ceremonias papales más solemnes. Está adornada con placas de marfil grabado. 

Durante las obras de enriquecimiento y decoración del interior de San Pedro encargadas por el Papa Urbano VIII Barberini al gran Gian Lorenzo Bernini, el papa decidió en 1656 reservar definitivamente la reliquia para su sola exposición-veneración, y el exuberante genio del barroco diseñó en 1661 el Altar de la Cátedra, una imponente máchina de bronces, mármol y estuco que centra el ábside de la Basílica Vaticana con su fastuoso rompimiento de gloria. 

El diecisiete de enero de 1666 fue colocada ceremonialmente la cátedra en el altar. El espectáculo visual, al tiempo que emocional, es inigualable e insuperable. 


La última vez que fue extraída del estuche que ocupa en el altar berniniano fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión confirmaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes más antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión. 

Pero lo material estético es sólo un trasunto representativo de la doctrina y la fe que se enseña y confiesa. Durante las imponentes y majestuosas misas papales, el Papa se sentaba debajo justamente de la Gloria de la Cátedra. El Papa tenía por encima la Cátedra Petrina, fundamento del primado romano, y sobre ésta lucía el resplandor del Espíritu Santo, bañando con su luz dorada  desde el fondo a toda la Basílica. 
Por encima de la cátedra están dos ángeles tenantes con la tiara y las llaves, emblemas de la autoridad suprema del Romano Pontífice. Sobre la silla encontramos tres bajorrelieves dorados con los siguientes episodios evangélicos: la entrega de las llaves, en mandato de apacentar las ovejas y el lavatorio de los pies.
Como un auto sacramental romano, éste supremo magisterio pontificio hunde sus raíces en los Santos Padres de la Iglesia, que se alzan, ilusoriamente ingrávidos por nubes de bronce, sobre la base del altar de mármol blanco y negro de Aquitania y jaspe rojo de Sicilia. Sobre ella se alzan los reseñados Padres de la Iglesiarepresentados por cuatro colosales figuras de bronce de cinco metros de altura, dos de Oriente (Juan Crisóstomo y Atanasio) y dos de Occidente (Ambrosio y Agustín), que, por eso, sostienen la Silla de Pedro. Eclesiología en imagen.



Todos los años en esta fría fecha, este altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, teniendo como culmen la misa del Capítulo de San Pedro.