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lunes, 30 de abril de 2012

Las Fosas Ardeatinas, memoria eterna por la paz



Cada veinticinco de abril se celebra en toda Italia la memoria del aniversario de la liberación alemana. Roma, como capital, es teatro de algunos eventos conmemorativos que jalonan todo el día. 
Sobre las nueve, abre la jornada una celebración en el Altar de la Patria, con la presencia del Presidente de la República, a la sazón Giorgio Napolitano, del Sindaco de Roma, que lo es Gianni Alemanno, y de las más altas autoridades del Estado y de las principales instituciones del país. 

Es ofrendada una corona de flores a los caídos de la patria.

En el resto de los actos, los principales, los preside el Síndaco. Incluye una visita al Museo Histórico de la Liberación, en Via Tasso 145, en la casa que fue lugar de reclusión y tortura de la S.S., junto al Presidente del Consejo, Mario Monti.

También se efectúa una ofrenda de una corona de laurel por el dicho Presidente a los Mártires de las Fosas Ardeatinas.

El Síndaco ofrenda una corona de flores en el Cementerio del Verano, en el Muro del Deportado, el monumento que recuerda los ciudadanos romanos exterminados en los campos de exterminio entre el 1943 y 1945. 

Otros actos complementarios se desarrollan en el centro. Es un día de recuerdo emocionado de la resistencia italiana, los partisanos, que englobó a un conjunto de movimientos políticos y militares de distinto signo (socialistas, comunistas, monárquicos, republicanos, liberales, anarquistas, católicos) que se opusieron a la ocupación nazi, reunidos en el Comité de Liberación Nacional (CLN), fundado el nueve de septiembre de 1943, el día siguiente del armisticio que supuso la ocupación de Italia, así como de los asesinados por la sinrazón del totalitarismo y de la guerra.
Uno de sus miembros protagonista, pues colocó la bomba del triste atentado de Via Rasella.

Uno de los episodios más trágicos de la ocupación nazi fue la masacre de las Fosas Ardeatinas, acto de represalia ordenada en persona por Hitler, por un ataque del grupo partisano GAP (Gruppi d’Azione Patrottica) perpetrado a mediodía del veintitrés de marzo de 1944 en Roma, en la Via Rasella.

Fue contra la 11ª compañía del tercer batallón del Polizeiregiment Bozen, conformado en octubre de 1943 con italianos germanohablantes de la norteña provincia de Bolzano (Bozen en alemán). Muchos eran veteranos del ejército italiano que habían servido en el frente ruso y optado por enrolarse en la policía antes que regresar a Rusia con la Werhrmacht.

El ataque fue llevado a cabo por dieciséis partisanos, que emplearon un artefacto explosivo casero consistente en doce kilogramos de TNT empaquetados en una caja de acero insertada en una bolsa que contenía otros seis kilogramos de TNT y tubos de hierro rellenos del mismo explosivo. La bomba fue escondida en un carrito de basura y colocada por un partisano disfrazado de barrendero, mientras que los otros actuaban como vigías. 

El detonador se encendió cuarenta segundos antes de que los policías llegasen al lugar donde se hallaba la bomba. La explosión causó la muerte instantánea de veintiocho policías (tres más morirían en días posteriores) y dos civiles italianos. 

Los partisanos, algunos de los cuales arrojaron bombas de mano a los soldados o dispararon sobre ellos, lograron huir indemnes mezclándose entre los transeúntes.

La matanza en represalia (cincuenta italianos por cada alemán muerto, que las propias autoridades alemanas horrorizadas lograron reducir a diez) fue organizada y dirigida por Herbert Kappler, comandante de la Gestapo en Roma y responsable de la redada del gueto judío en 1943 y de las torturas contra los partisanos detenidos en la cárcel de Via Tasso. 

Las trescientas treinta víctimas italianas fueron sacadas de la cárcel romana de Regina Coeli y de la S.S. de Via Tasso, lugar en el que se encontraban detenidas por ser judíos o miembros de la resistencia italiana. El veinticuatro de marzo, a media tarde, comenzaron las ejecuciones en las Fosas Ardeatinas, unas cuevas de los alrededores de la ciudad. 

El oficial que llevaba la contabilidad era el Capitán Erich Priebke, que extremó su celo mandando a la muerte a trescientos treinta y cinco hombres, cinco más de los que figuraban en la orden. 

Las fosas, antiguas cavas de arena, fueron utilizadas para cometer y ocultar la masacre, y, después de la guerra, fueron convertidas en un santuario para recordar los hechos.
Uno de los héroes víctimas de esta trágica historia es Pietro Pappagallo (Terlizzi, Bari 1888–Roma 1944), presbítero desde 1915, destacado por su empeño en auxiliar a las víctimas del nazismo durante la ocupación italiana: soldados, partisanos, aliados, judíos... 

En 1925 había entrado a formar parte del Colegio de Beneficiados de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma y asumido el cargo de padre espiritual de las Suore Oblate del Santo Bambino Gesù de via Urbana, donde vivía; fue también vicario parroquial de la Basílica de San Juan de Letrán y secretario del Cardenal Ceretti.
El veintinueve de enero de 1944 el sacerdote fue arrestado por las S.S., después de la delación por parte de la espía alemana Gino Crescentini, con la intención de eliminar una figura de relieve del frente militar clandestino y de la resistencia romana. Condenado a muerte, fue ejecutado el veinticuatro de marzo en las Fosas Ardeatinas.

Algunos testimonios refirieron que, incluso durante el periodo de prisión, compartió su propia comida con otros detenidos que no habían recibido alimento.
Inmediatamente después del fin de la guerra, el ayuntamiento romano organizó un concurso para el adecentamiento de las Fosas Ardeatinas y la construcción de un monumento en recuerdo de las víctimas de la matanza en el mismo lugar en que habían caído, las cuevas de pozzolana de la Via Ardeatina. Éste fue el primer concurso de arquitectura de la Italia liberada.
Plazuela de acceso a las Fosas

De las dos fases del concurso resultaron vencedores ex aequo dos equipos: el formado por los arquitectos Nello Aprile, Cino Calcaprina, Aldo Cardelli y Mario Fiorentino, y el escultor Francesco Coccia,  y el integrado por los arquitectos Giuseppe Perugini y Mirko Basaldella. 
Cancela de entrada


A los dos grupos se le asignó el encargo de un proyecto común, que integrara la construcción de un sagrario, y la consolidación de las galerías  voladas por los nazis después de la matanza. 
Corredores del interior

Este mausoleo a los mártires de las Fosas Ardeatinas fue inaugurado el veinticuatro de marzo de 1949.
Sagrario, mausoleo

En el 2011 las Fosas Ardeatinas tuvieron un visitante de excepción. A las diez de la mañana del veintisiete de marzo el Papa Benedicto XVI visitó privadamente las Fosas Ardeatinas en recuerdo del LXVII aniversario de la matanza nazi. Era la tercera visita que un Pontífice giraba al lugar. La primera fue la de Pablo VI en el tiempo en que se estaba concluyendo el Concilio Vaticano II (doce de septiembre de 1965), y la segunda, la del Beato Juan Pablo II (veintiuno de marzo de 1982). 

Había sido invitado por la Asociación Nacional de las Familias Italianas de los Mártires caídos por la libertad de la patria (ANFIM). Lo acompañaron, entre otros, el Gran Rabino de la comunidad judía de Roma, Ricardo Di Segni y el Cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, hijo del Coronel Cordero Lanza di Montezemolo, caído en la masacre. Recibieron a Benedicto XVI el Cardenal Vicario Agostino Vallini, el General Vittorio Barbato, Comisario general para la honra de los caídos en la guerra, el Capitán Francisco Sardone, Director del Mausoleo, y Rosina Stame. Presidenta de ANFIM. Después de haber depositado un cesto de flores ante la lápida que recuerda la matanza, el Papa atravesó las grutas y llegará al interior del Sagrario, donde se postró de rodillas delante de las tumbas. 

Sucesivamente el Papa y el Rabino Di Segni recitaron una plegaria por los difuntos.

Al salir del monumento, el Papa firmó en el libro de visitantes y saludó brevemente a los familiares de las víctimas que estaban en la plazuela ante el Sagrario y a todas las personas presentes. 



Peregrino en las Fosas Ardeatinas, Benedicto XVI releyó una de las páginas más oscuras de la historia de la ocupación nazi de Roma a través de dos historias luminosas que hablan de una libertad posible también bajo el más feroz régimen. El Papa se dirigió a los familiares de las trescientas treinta y cinco víctimas de la represalia nazi del veinticuatro de marzo de 1944, urdida para vengar a los treinta y tres soldados alemanes muertos en el atentado del GAP en Via Rasella, hombres entre los catorce y los setenta y cinco años, militares y civiles, ricos y pobres, partisanos e inocentes que pasaban por la calle detenidos, cristianos y judíos. 

Benedicto XVI contó conmovido el último momento de uno, del cual no sabemos el nombre, pero del cual se encontró, en las Fosas Ardeatinas, su último escrito, antes de la ejecución: “Dios mío, Padre grande, nosotros te rogamos para que tú protejas a los judíos de las bárbaras persecuciones. 1 Pater Noster, 10 Ave María, 1 Gloria Patri”. En aquel momento así de trágico e inhumano, en el corazón de aquella persona brotaba la invocación más elevada, comentó el Papa, pues aquel hombre había asumido la experiencia de Cristo en la cruz, una experiencia que, como dijo el Pontífice, nos garantiza también hoy la posibilidad de un futuro de libertad y fraternidad, en Roma, en Italia y en Europa.
Junto al Papa alemán, caminando y rezando junto a las cuevas de puzolana donde fueron arrojados los cuerpos agonizantes de los “ajusticiados”, iba también el Gran Rabino de Roma, Ricardo Di Segni. Éste declaró: “Éste es un lugar de memoria dolorosa y compartida, porque aquí murieron setenta y seis judíos, pero la mayoría de las víctimas eran de fe cristiana. El reclamo del Papa es un reclamo a una casa común en Europa para superar la historia dolorosa y las divisiones”.
Monumento a los mártires