El veintiuno de enero se celebra la memoria de Santa Inés. La santa adolescente fue probablemente martirizada durante la persecución de Diocleciano. Parece que fue finalmente decapitada al no ser consumida por el fuego. Ocurrió un veintiuno de enero a la edad de doce años, después de haber rechazado al hijo del Prefecto de la Urbe para mantener su virginidad. Fue sepultada “in praediolo suo”, es decir, en un terreno de propiedad familiar, en la Via Nomentana, adyacente al Cimitero maggiore, donde se excavó una catacumba bajo su sepultura.A Santa Inés se le suele representar con un cordero. Y es que el nombre de Inés en latín, Agnes, es una variante de agnus, que significa “cordero”. Este animal es considerado símbolo de pureza e inocencia por su aspecto y por su lana cándida. Y Santa Inés fue pura e inocente y pereció por seguir siéndolo.
A la proposición del hijo del Prefecto, Inés respondió con una negativa por aspirar a un Esposo más excelente. El desaire hizo desencadenar la ira del pretendiente, el cual la acusó como cristiana a su padre. Éste hizo encerrarla en el Templo de las Vestales para volverla pagana en el lugar donde se custodiaba el fuego sagrado de la Ciudad. Como Inés perseveraba en su fe, fue llevada a un prostíbulo para corromperla, pero ninguno de sus frecuentadores osó tocarla salvo uno, que fue cegado por un ángel blanco. La joven virgen, compadecida del hombre, le obtuvo de Dios la devolución de la vista.
Acusada entonces de magia, fue condenada a morir en la hoguera, siendo conducida al Circo Agonal o Estadio de Domiciano (actual Pazza Navona) para la ejecución de la sentencia. Envuelta en llamas, éstas no le hacían daño, por lo cual se le dio muerte degollándola a la manera de los corderos. Mansamente, como ellos, entregó Inés su alma al Creador. El fuego, como hemos visto, es elemento con una importante presencia en la historia de Santa Inés. De hecho, además de su significación latina, el nombre proviene del griego ‘αγνεία, término que se refiere a lo que ha sido purificado por el fuego del sacrificio.

En su honor encontramos un complejo monumental en la Via Nomentana 349, después del cruce con el Viale XXI Aprile (Sector Norte, Prefectura VII, Quartiere Trieste, 00162 Roma). Es un complejo de edificios constituido por la actual Basílica de Santa Inés, por las catacumbas y por el mausoleo de Santa Constanza y restos de la primitiva basílica.
Estas catacumbas, pri
vadas de frescos, desarrolladas entre los siglos III y IV, se extienden por kilómetros y se disponen en tres plantas, y en ellas fue sepultada Santa Inés, mártir entre mediados del siglo III y principios del IV. En la primera planta de las catacumbas, fue pronto construida una pequeña basílica de una sola nave. Se accede a ellas desde el interior de la iglesia.La catacumba presenta cuatro zonas distintas, distinguidas por el arqueólogo decimonónico Mariano Armellini, de las que sólo la primera puede considerarse preconstantiniana. De hecho sólo la Regio I presenta características arcaicas: los formularios de las inscripciones allí encontradas presentan una particular
simplicidad; la tipología arquitectónica de algunas sepulturas, como las "tumbas a mensa", constituidas por un nicho de forma rectangolar alargado, che corona un arco excavado en el tufo; la presencia de largos tabiques di tufo entre un loculo y otro, che hace suponer una utilización no intensiva de las galerías, como ocurrirá en el siglo IV..Las otras zonas (regiones) son seguramente más tardías; la Regio II permaneció siempre accesible, por lo que sufrió el expolio de las decoraciones a causa de la despiadada caza de reliquias, pero, afortunadamente, amplias zonas del la catacumba, como la Regio III, permanecieron ocultas al quedar obstruidas por el fango hasta las excavaciones del la segunda mitad del siglo XIX llevadas a cabo por M. Armellini por encargo del arqueólogo G. B. De Rossi; la Regio IV se terminó de excavar completamente en 1972.
Del culto de Santa Inés fomentado junto a su tumba nos ha quedado, como primer testimonio en orden cronológico, un plúteo marmóreo che presenta en el centro la figura de la mártir orante revestida con una amplia dalmática, túnica blanca corta y abierta a los lados llevada por los romanos. Pertenecía a la originaria disposición del sepulcro hecha por el Papa Liberio (352-366). El plúteo está hoy colocado en un sitio visible a los pies del escalón que conduce al nártex del la basílica.En el complejo se conservan también los restos de la gran basílica cementerial de tres naves mandada edificar por Constantino o por su hija Constanza entre el 337 y el 350. La basílica, primera de las dedicadas a Santa Inés, aparece registrada en el Liber Pontificalis entre las fundaciones constantinianas. La fundación estaba atestiguada en una inscripción, que no se conserva.
Es mencionada en las biografías de los papas Liberio (353-356), Inocencio I (401-417) y Bonifacio I (418-422). En el pontificado del Papa Símaco (498-514), que, según el Liber Pontificalis, intentó en un primer momento la restauración de la maltrecha basílica constantiniana, pero al final optó por transformar el primitivo santuario en una especie de pequeña basílica, una estructura absidada, cuya construcción comportó la destrucción de parte del cementerio preexistente.
Desde comienzos del siglo V y hasta el siglo VIII dependía del Titulus Vestinae, y era custodiada por un monasterio femenino, como atestigua la inscripción encontrada en excavaciones en 1901.
En uno de sus costados
fue construido hacia la mitad del siglo IV el mausoleo de Constanza (+354), que se trata de uno de los monumentos más interesantes de la arquitectura tardoantigua, al ser el primer ejemplo de edificio de planta central circular, cubierto por cúpula, que se eleva sobre doce pares de columnas de granito, con ambulacro (corredor o pasillo anular que lo abraza), cubierto por bóveda de cañón. En su origen estaba circundado por un pórtico, hoy desaparecido. La entrada está precedida por un nártex con dos ábsides a los lados.
En la hornacina del fondo estaba el maravilloso sarcófago de pórfido rojo de Constanza, hoy en los Museos Vaticanos, sustituido por una réplica. La bóveda del ambulacro está revestida de bellísimos mosaicos con frutas, flores, animales y escenas de vendimia, que recrean el Paraíso. Otros mosaicos se encuentran en las hornacinas laterales: la entrega de las llaves a San Pedro y la entrega de la ley a los Santos Pedro y Pablo, y, a los lados de la entrada, Constanza y su esposo Annibaliano.
En el siglo VII, en el pontificado de Honorio I (625–638), se construyó una nueva iglesia en un lugar próximo, sobre la tumba de la santa de planta basilical: tres naves con el ábside hacia la Via Nomentana. Como San Lorenzo fuori le Mura, fue construida parcialmente en la ladera de una colina y parcialmente en plano. Adriano I (772–795) la restauró, y desde entonces lo ha sido muchas veces. Aparece citada en el Catálogo de Turín, ca. 1320, donde aparece anotado que habitaban el monasterio cuarenta religiosas.
Sixto IV della
Rovere, en 1480, sustituyó las monjas por los Canónigos de Sant’Ambrogio ad nemus de Milán, que fueron subrogados por Inocencio VIII en 1489 con los Canónigos Regulares Lateranenses, que la administran hasta el presente.La basílica fue feudo de la Archibasílica Papal de Letrán, por lo que, desde los tiempos del Renacimiento, el veintiuno de cada año, se ofrece el censo de dos corderos blancos, llevados a los padres trapenses de la Abadía delle Tre Fontane y bendecidos por el Abad General de los Canónigos Regulares Lateranenses sobre el altar de la santa. En el mismo día, los corderos blancos son ofrecidos al Papa en reconocimie
nto de sujeción de la Archibasílica y de su lana son confeccionados los palios.Una de las restauraciones más radicales fue la ordenada por Giuliano della Rovere, sobrino del antes citado Sixto IV, después Papa Julio II. Se accede al complejo a través de un pórtico del siglo XVI, seguido por una escalera de mármol cubierta abierta en 1590 para salvar el desnivel del terreno. En ella se pueden ver fragmentos de inscripciones. Unas excavaciones, realizadas en 1600, posibilitaron la realización de la fachada principal, con las actuales tres puertas de ingreso. La mayor intervención hecha en la iglesia fue bajo San Pío IX (1846–1878).
El título presbiteral cardenalicio fue instituido el cinco de octubre de 1654 por Inocencio X Pamphili, cuando el papa, por motivos familiares, lo traslada allí desde Sant’Agnes
e in Agone, que lo disfrutaba desde 1517. El primero que lo ostentó fue Baccio Aldobrandini, y actualmente lo disfruta el Cardenal Camillo Ruini.Fue erigida en parroquia el dieciséis de octubre de 1708, con el decreto vicarial Cum sanctissimus, y unida pleno jure a los Canónigos Regulares de la Congregación del Santísimo Salvador de Letrán. El territorio fue detraído de la Parroquia de Santa Maria del Popolo, pero no se le concedió derecho a pila bautismal. Fue en ella, por último, donde un joven Eugenio Pacelli, el futuro Venerable Pío XII, recibió la primera inspiración de su vocación sacerdotal.

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