viernes, 18 de febrero de 2011

DEVOCIÓN AL ROSARIO EN ROMA (V). Chiesa di Santa Maria del Rosario ai Martiri Portuensi

La Chiesa di Santa Maria del Rosario ai Martiri Portuensi, parroquial heredera de la tratada en el anterior, artículo también, por tanto, en el suburbio Portuense, se abre a Via Chiusdino, 16, 00148 Roma (teléfono 06.6553081). Ha sido construida según proyecto del arquitecto Piero Sampaolo. La empresa constructora ha sido Costruzioni Generali Gilardi, de Roma. La cubierta de madera laminada ha sido construida por Hábitat Legno, de Edolo (Brescia), y los bancos por Caloi Industria, de Susegana (Treviso).

Fue consagrada por Benedicto XVI el dieciséis de diciembre del 2007. Se levanta sobre el lugar donde, en noviembre de 1998, el Venerable Juan Pablo II había celebrado la misa con ocasión de su visita a la parroquia.

Está encomendada a la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo. En el interior del complejo parroquial existe una segunda iglesia dedicada a los Santos Mártires Portuenses, en recuerdo de los mártires venerados en la vecina Catacumba de Generosa.

El espacio se distribuye a través de simetrías y repeticiones de elementos en un discurso de estricta lógica, con una gran simplicidad. El perspicaz estudio de color y fuentes de luz operada por Sampaolo exalta una composición que expresa el orden sin forzar la tradición formalista del lugar de celebración.

Bruno Zevi cree que dentro de las nuevas iglesias de Roma, construidas acorde con las exigencias litúrgicas desarrolladas tras el Concilio Vaticano II, la pionera fue la del ViIlaggio Olímpico, diseñada con un volumen en ladrillo visto por Francis Berarducci. Nuestro arquitecto camina por esta misma línea de continuidad.

El paramento de ladrillo, el color de los cuales es una reminiscencia del peperino, es sin duda una cifra expresiva y significativa, especialmente cuando se distribuye en volúmenes limpios y contenidos, dotados de equilibrio y simetría, articulados por movimientos ya en consonancia con la tradición, ya con la contemporaneidad.

En esta iglesia resalta rápidamente el doble ábside, que airosamente sobresale de la fachada principal y del plano del fondo, con el mismo efecto.

El placer de la simetría es uno de los aspectos del diseño arquitectónico que en el Renacimiento encontró sus manifestaciones más precisas y difundidas, pero que desde los primeros días ha caracterizado la historia de las construcciones.

Evidentemente, es algo inherente al ser humano, o mejor dicho, algo a lo que el hombre instintivamente aspira desde el momento en que se enfrenta a la tarea de construir un ambiente propicio para su propia existencia.

En los antiguos templos, como en las iglesias antiguas, las proporciones y la simetría eran elementos característicos de la planificación, cuya importancia andaba a la par con el hecho de que en ellos se funden dos necesidades diversas pero convergentes: la estructural y la estética.

La planta evidencia la simetría que preside el proyecto. Sobre el presbiterio realzado, el altar y la sede se destacan con evidencia natural. Entre el artesonado de casetones, el ábside de color rojo y la solería axial puesta de manifiesto por su diseño de losange, se activa un diálogo que se dirige con simplicidad a la centralidad del altar.

En esta realización, la estructura de hormigón no necesitaba una construcción geométrica fundada: su elección se deriva simplemente por el deseo de anclarse a la tradición compositiva de los espacios, con el fin de recuperar el valor de signo del edificio. Y el campanario la completa explicitando el significado con inequívoca limpieza.

La misma proporción se encuentra dentro de la iglesia, caracterizada por un progresivo alargamiento del volumen que alberga, a los lados, la capilla sacramental y el baptisterio. La forma biabsidada permite la ubicación de una tribuna de coro a la entrada, que recuerda el nártex paleocristiano y en la cabecera enmarca al presbiterio, resaltado con el rojo del fondo, además de con los lucernarios abiertos en la trama ortogonal del artesonado de madera. Los ventanales, verticales, ayudan a realzar el orden que informa todo el proyecto.

La banda que corre horizontalmente sobre los muros perimetrales evidencia la unidad del ambiente, a pesar de la articulación de los lugares. Así la estética de la iglesia resulta rítmicamente ordenada, según cánones derivados de la actualidad y de la tradición, y los lugares litúrgicos no necesitan de un forzado realce para manifestare como eje del espacio.

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