
La devoción a la Virgen del Rosario queda también atestiguada por los retablos callejeros a Ella dedicados a lo largo de la geografía urbana romana. Muy cerca de la universal Fontana di Trevi, en la intersección de la Via dell'Umiltá con la Via dell'Archetto, en el Rione II Trevi, sobre la esquina del Colegio Pontificio de América del Norte, se alza una bella pintura de colores luminosos de la Virgen con el Niño Jesús con un rosario en la mano, de fines del siglo XVIII. Está insertada en una obra de estuco, de fines del siglo XIX, consistente en un medallón oval con dos ángeles a los lados, con las manos sobre el pecho en actitud orante, sobre una cartela elaborada con la leyenda Ave Maria y coronado por la paloma del Espíritu Santo.
Otra memoria pública la podemos encontrar en el corazón de Roma, en el Rione IX Pigna, en la Via dell'Arco della Ciambella, sobre un arco resto de las Termas de Agripa. En un bello tabernáculo renacentista de mármol encontramos una copia de fines del siglo XIX de la milagrosa Madonna del Rosario, imagen de la Virgen con el Niño y un rosario en la diestra, rodeada de múltiples exvotos. El conjunto está cobijado por un baldaquino de madera.
Fue particularmente venerada esta imagen porque movió los ojos milagrosamente en 1796, año de la invasión de Italia por Napoleón Bonaparte. El retablillo pertenecía a la familia Capparucci, que celebraba en su honor una solemne fiesta el primer domingo de octubre. En 1873 la imagen fue expoliada, y desde entonces sus dueños la retiraban cada noche, hasta que se mudaron llevándose con ellos el icono mariano. Entonces un carpintero de la zona encargó la copia actual al pintor Pietro Campofiorito.
Nos trasladamos ahora al Gianicolo, otra de las zonas que conforman el tapiz ve
rde que circunda la ribera transtiverina. En el complejo monumental de Sant'Onofrio, al fondo del pórtico columnado que da acceso al claustro e iglesia y bajo él, se halla la Capella del SS. Rosario, a la que antecede fachada barroca. Para su construcción fueron cerrados los últimos dos arcos del porche conventual en 1620 para obtener una capilla para la familia Vaini, que vivía en una villa en el Gianicolo, que hoy es conocida como Casino Giraud.
Pero sobre todo nos tenemos que dirigir extramuros de la ciudad, a una zona de Roma poco conocida desde el punto de vista histórico-artístico: se trata del Monte Mario, que con sus ciento ochenta y cuatro metros -máxima altura de los alrededores que se asoman sobre Roma-, junto al Gianicolo y los Giardini Vaticani, forma un antepecho verde que circunda la parte occidental de la capital italiana con su arbolado de pinos itálicos o marítimos. Su nombre recuerda al general y político romano que vivió entre el 157 y el 86 a. C. Es
ta histórica y bella colina era denominada en la Edad Media Mons Gaudii, por su exuberante vegetación y el magnífico panorama que ofrece de Roma, así como por ser la última escala de los peregrinos venidos del Norte a través de la Via Cassia, la más frecuentada, que junto a La Storta enlazaba con la Via Trionfale, y que por este camino llegaban a la Ciudad Eterna, que por primera vez se abría ante sus admirados ojos.
Subiendo desde la ciudad por la Via Trionfale (nº 175, Monte Mario; 00136 Roma, teléfono 06.420940), en el quartiere Della Vittoria, en dirección a la cumbre de la colina, a la izquierda, semiescondida por árboles y arbustos, se abre una calleja que desemboca en una plazuela con una bella vista de Roma. Aquí se levanta sobre una alta escalinata a doble rampa la dieciochesca Chiesa Rettoria di Santa Maria del Rosario a Monte Mario, lugar subsidiario de culto de la Parrocchia di Santa Maria Stella Matutina, que apenas figura en los itinerarios turísticos de la Urbe, en la que se celebra con particular solemnidad la fiesta del siete de octubre por su titularidad así como la de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden a la que está actualmente confiada.

Esta iglesia fue mandada construir en 1628 por el humanista romano Giovanni Vittorio de Rossi, arcade con el nombre de Giano Nicio Eritro, en la viña de su propiedad en la cima del Monte Mario. Fue encomendada en el año 1641 a los Hermanos de San Onofrio, que la reedificaron y ampliaron en 1650 bajo proyecto de Camillo Arcucci. Pero, tras permanecer diversos años abandonada por su entonces fatigoso y difícil acceso, fue restaurada durante el pontificado de Clemente XI Albani en 1715.
El Papa Benedicto XIII Orsini, que estimaba particularmente el solitario paraje, la confió a los dominicos florentinos de San Marco, que la renovaron y embellecieron por fuera y por dentro bajo proyecto de Filippo Raguzzini en 1730. Este arquitecto, representante del barochetto o tardobarroco romano, estilo decorativo e imaginativo, lo que hacía fundamentalmente era reelaborar, dándoles nueva vitalidad, temas ya empleados por Borromini un siglo antes. Entre sus obras principales, en Roma, se encuentran el Ospedale de San Gallicano (1724-6) y la Piazza di Sant'Ignazio (1728-9).
Mas durante la ocupación francesa fue de nuevo abandonada y progresivamente arruinada. Gregorio XVI Cappellari ordenó su total remozamiento en 1838; consta que fue construida entonces la escalinata de acceso a la fachada a doble rampa entre otras obras de consolidación y restauración. Parroquia de 1828 a 1904, desde el 1931 el convento anejo hospeda una comunidad de dominicas de clausura, de la diócesis de Roma, compuesta por quince monjas, bajo la jurisdicción del Maestro General de la Orden, que pertenecen a la Federazione di S. Caterina da Sena (teléfono 063420940).
La elegante fachada es a un solo orden, dividido en tres calles por pilastras jónicas. En ella está encastrada una lápida que recuerda la presencia en el convento entre 1862 y 1866 del compositor Franz Liszt. La puerta está coronada por un tímpano curvilíneo roto, sobre el que se abre un gran ventanal. Sobre ella se divisa la elegante cúpula con su airosa linterna, y, a su derecha, un gracioso campanario. Está prolongada por dos alas laterales, que forman el convento de las dominicas, en las que son de destacar los dos bellos portales simétricos coronados por un óculo oval.
El interior es de planta centralizada elíptica, cubierto por cúpula con linterna, en cuyo tambor se abren seis ventanas. Cuenta con un profundo presbiterio absidado cubierto por bóveda de cañón y dos capillas a cada lado, flanqueadas por pilastras con capitel compuesto que sostienen una cornisa moldurada.
En la cabecera, en una hornacina decorada por una elegante moldura de estuco, se encuentra la imagen milagrosa de la Madonna del Rosario. En las capillas laterales son de destacar los retablos formados por dobles parejas de pilastras que sostienen un complicado y decorado frontón, y que albergan lienzos del siglo XVIII, aunque la escuela de Antoniazzo Romano, del siglo XV, es bien reconocible en la Madonna col Bambino de una de las capillas de la derecha, como el pincel de Michelangelo Cerruti lo es en el San Domenico e Santa Caterina da Siena en la última capilla de la izquierda.
En
el convento adyacente, las monjas dominicas custodian celosamente un tesoro precioso: una imagen de la Madonna considerada el más antiguo icono mariano existente in Italia. conocida como Madonna di San Luca o Madonna di San Sisto. Esta imagen ha pasado por diversos lugares: inicialmente en Santa Maria in Tempulo, desde 1221 en San Sisto Vecchio, trasladada en el 1575 al centro de la ciudad a la Chiesa dei Santi Domenico e Sisto, en el que hay una copia, y desde 1931 se encuentra junto con las dominicas en el Monte Mario, donde se puede visitar sólo los domingos.
En un manuscrito en torno al 1100, redactado en Santa María la Mayor, se lee que el icono fue trasladado desde Constantinopla por orden de Cristo por tres hermanos entre fines del siglo IV e inicios del V; en la Chiesa di San Gregorio Nazianzeno se encuentra un fresco de la misma época que reproduce esta última versión. Una leyenda de los siglos XI-XII cuenta que el icono fue donado al monasterio de Santa Maria in Tempulo por un tal Tempulus, exiliado constantinopolitano residente en las inmediaciones del oratorio.
Una antigua leyenda la considera acheropita, es decir, no pintada por mano de hombre, mientras que una guía de Roma del siglo XII la atribuye al pincel del evangelista San Lucas. De rasgos bizantinos, responde al tipo iconográfico de Madonna Avvocata, ya comentado en el artículo de la Virgen de Araceli, y debió de ser muy célebre por ser el original de muchas réplicas presentes en otras iglesias romanas. De esta imagen se dice que palidece en Semana Santa.
Sobre fondo
dorado resalta muy bien la expresión dulce del rostro con grandes ojos expresivos que observan de modo intenso y benévolo. El color de la túnica ha desaparecido casi completamente, lo que da más realce al bello rostro pintado a la encáustica sobre tabla. Las dimensiones de la tabla de nogal son 71,5X42,5 cm., y, según algunos estudiosos, podría provenir del área siropalestinense, en torno al siglo VI. La restauración llevada a cabo en 1960 ha confirmado su procedencia de Oriente M
edio.
Tenemos noticias ya de que se encontraba en el siglo IX en la Chiesa di Santa Maria in Tempulo, en los aledaños de la Passeggiata Archeologica, cerca de las Terme di Caracalla, secularizada y hoy propiedad del Comune. En el 905, el Papa Sergio III promulgó una bula en la que confirmaba al Monasterium Tempuli su inmueble en la Via Laurentina, a condición de que las monjas recitaran cien veces al día los Kyries. En ella se cita por primera vez esta imagen acheropita de Santa Maria in Tempulo. Éste habría sido trasladado por el dicho Papa a Letrán, pero habría retornado sola milagrosamente al monasterio, con el consiguiente arrepentimiento del Pontífice.
El veinticu
atro de febrero de 1221, Santo Domingo de Guzmán la trasladó él mismo a San Sisto Vecchio, en la Via Appia, donde, en conformidad con un mandato de Honorio III Savelli reunió para reformarlas a monjas de diversos monasterios de la ciudad. Allí vivían los dominicos, que se trasladaron entonces a Santa Sabina alll'Aventino. Las monjas de Santa Maria in Tempulo habían hecho profesión en manos de Santo Domingo a condición de que permaneciera con ellas el venerado icono. Así lo relata su biógrafa, una de las monjas protagonistas, la Beata Cecilia.
En 1527, en que viene reencontrada milagrosamente intacta en la iglesia destruida por los lanzichenecchi durante el sacco de Roma. La tradición atribuye a esta imagen el fin de tan terrible flagelo.
El ocho de febrero de 1575 las religiosas fueron impelidas, por el fur
or de la malaria, a trasladarse al Monastero di S. Sisto Nuovo, junto al Quirinale, y, con ellas, el icono. En 1641 la imagen fue solemnemente coronada por el Capitolo Vaticano, pero su corona de oro fue robada por las tropas napoleónicas. Como contribución al tributo impuesto por Napoleón a la Santa Sede por el Trattato di Tolentino (1797), la comunidad de monjas entregaron junto a otros objetos de plata el precioso vestido de la prodigiosa imagen. Por último, la imagen pasó de Chiesa di S. Domenico e Sisto presso il Quirinale, hoy iglesia de la famosa universidad pontificia dominica Angelicum, a la Chiesa del Rosario a Monte Mario, con las religiosas, el catorce de agosto de 1931.
Bibliografía
AA. VV.: La grande guida dei Rioni di Roma, Newton & Compton Editori, Roma 2001, pp. 1102 s., 1219
AA. VV.: Roma, Guías Acento-Gallimard, Acento Editorial, Madrid 1994, p. 377.
Armellini, M.: Le Chiese di Roma, Edizioni del Pasquino, Roma 1982 (f/. del 1891), pp. 659, 833, 842.
Fiori, N.: Le Madonnelle di Roma. Una rassegna suggestiva per la scoperta delle edicole sacre, Tascabili Economici, Roma, 1997, pp. 25, 46.
Gizzi, F.: Le Chiese di Roma del Sette e Ottocento, Tascabili Economici Newton, Roma 1995, pp. 47 s.
Jung, W.: "Arquitectura y ciudad en Italia entre el barroco temprano y el inicio del neoclasicismo", en: El barroco: Arquitectura, escultura, pntura, Könemann, Köln 1997, pp. 48, 50, 63.
Lintner, V.: Historia de Italia, Celeste Ediciones, Madrid 1995, p. 138.
Proja, G. B.: San Nicola in Carcere, Fratelli Palombi Editori, Roma 1981, pp. 61-7.
Rendina, C.: Le chiese di Roma, Newton Compton editori, Roma 2007, pp. 193 s., 224 s.
Sendler, E.: Le icone bizantine della Madre di Dio, Milano 1995, p.213.
Tesei, G.: Le Chiese di Roma, Wefag, Roma 1991, pp. 386 s.; 425, s.; 598 s.
Zeppegno, L., & R. Mattonelli: Le Chiese di Roma, Newton Compton Editori, Roma 1975, p. 204, 267, 271.
Zeppegno, L., & R. Mattonelli: Alla scoperta di Roma sconosciuta, Edizioni Colosseum, Roma 1987, pp. 153-6.
No hay comentarios:
Publicar un comentario